• Carolina Quiroga-Stultz

20 - Autores Latinos


Los gnomos se han enterado que los humanos han re-creado el precioso rubí. Sin embargo, cambiarán de opinión al escuchar la historia de cómo la violenta pasión del gnomo patriarca por una mujer, les dio origen a los primeros rubíes. Más adelante hablamos de los inestables tiempos en que Ruben Dario vivió.

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Fuentes:

1. http://www.sjsu.edu/history/docs/Krause_Nathaniel.pdf

2. https://en.wikipedia.org/wiki/History_of_Central_America

3. Libro: Azul publicado por Pequeño Dios Editores en Chile.

4. Ciudadseva.com


El Rubí

por Rubén Darío

Adaptado por Carolina Quiroga-Stultz


- ¡Ah! ¡Conque es cierto! Conque ese sabio parisiense ha logrado sacar del fondo de sus retortas, de sus matraces, ¡la púrpura cristalina de que están incrustados los muros de mi palacio!


Y al decir esto el pequeño gnomo iba y venía, de un lugar a otro, a cortos saltos, por la honda cueva que le servía de morada; y hacía temblar su larga barba y el cascabel de su gorro azul y puntiagudo.


En efecto, un amigo del centenario Chevreul (-cuasi Althotas-), el químico Fremy, acababa de descubrir la manera de hacer rubíes y zafiros.


Agitado, conmovido, el gnomo -que era sabidor y de genio harto vivaz- seguía monologando.

- ¡Ah, sabios de la edad media! ¡Ah, Alberto el Grande, Averroes, Raimundo Lulio! Vosotros no pudisteis ver brillar el gran sol de la piedra filosofal, y he aquí que, sin estudiar las fórmulas aristotélicas, sin saber cábala y nigromancia, ¡llega un hombre del siglo décimo nono a formar a la luz del día lo que nosotros fabricamos en nuestros subterráneos! ¡Pues el conjuro! Fusión por veinte días, de una mezcla de sílice y de aluminato de plomo: coloración con bicromato de potasa, o con óxido de cobalto. Palabras en verdad, que parecen lengua diabólica.


Risa.


Luego se detuvo.


***

El cuerpo del delito estaba ahí, en el centro de la gruta, sobre una gran roca de oro; un pequeño rubí, redondo, un tanto reluciente, como un grano de granada al sol.


El gnomo tocó un cuerno, el que llevaba a su cintura, y el eco resonó por las vastas concavidades. Al rato, un bullicio, un tropel, una algazara. Todos los gnomos habían llegado.

Era la cueva ancha, y había en ella una claridad extraña y blanca. Era la claridad de los carbunclos² que en el techo de piedra centelleaban, incrustados, hundidos, apiñados, en focos múltiples; una dulce luz lo iluminaba todo.


A aquellos resplandores, podía verse la maravillosa mansión en todo su esplendor. En los muros, sobre pedazos de plata y oro, entre venas de lapislázuli, formaban caprichosos dibujos, como los arabescos de una mezquita, gran muchedumbre de piedras preciosas.

Los diamantes, blancos y limpios como gotas de agua, emergían los iris de sus cristalizaciones; cerca de calcedonias colgantes en estalactitas, las esmeraldas esparcían sus resplandores verdes, y los zafiros, en amontonamientos raros, en ramilletes que pendían del cuarzo, semejaban grandes flores azules y temblorosas.


(Los topacios dorados, las amatistas, circundaban en franjas el recinto; y en el pavimento, cuajado de ópalos, sobre la pulida crisofasia y el ágata, brotaba de trecho en trecho un hilo de agua, que caía con una dulzura musical, a gotas armónicas, como las de una flauta metálica soplada muy levemente.)


Puck se había entrometido en el asunto, ¡el pícaro Puck! Él había llevado el cuerpo del delito, el rubí falsificado, el que estaba ahí, sobre la roca de oro, como una profanación entre el centelleo de todo aquel encanto.


Cuando los gnomos estuvieron juntos, unos con sus martillos y cortas hachas en las manos, otros de gala, con caperuzas flamantes y encarnadas, llenas de pedrería, todos curiosos, Puck dijo así:


-Me habéis pedido que os trajese una muestra de la nueva falsificación humana, y he satisfecho esos deseos.


Los gnomos, sentados a la turca, se tiraban de los bigotes; daban las gracias a Puck, con una pausada inclinación de cabeza; y los más cercanos a él examinaban con gesto de asombro, las lindas alas, semejantes a las de un hipsipilo.


Continuó:


- ¡Oh Tierra! ¡Oh Mujer! Desde el tiempo en que veía a Titania no he sido sino un esclavo de la una, un adorador casi místico de la otra.


Y luego, como si hablase en el placer de un sueño:


- ¡Esos rubíes! En la gran ciudad de París, volando invisible, los vi por todas partes. Brillaban en los collares de las cortesanas, en las condecoraciones exóticas de los rastaquers, en los anillos de los príncipes italianos y en los brazaletes de las primas donas.


Y con pícara sonrisa siempre:


-Yo me colé hasta cierto gabinete rosado muy en boga… Había una hermosa mujer dormida. Del cuello le arranqué un medallón y del medallón el rubí. Ahí lo tenéis.


Todos soltaron la carcajada. ¡Qué cascabeleo!


- ¡Eh, amigo Puck!


¡Y dieron su opinión después, acerca de aquella piedra falsa, obra de hombre o de sabio, que es peor!


- ¡Vidrio!

- ¡Maleficio!

- ¡Ponzoña y cábala!

- ¡Química!

- ¡Pretender imitar un fragmento del iris!

- ¡El tesoro rubicundo de lo hondo del globo!

- ¡Hecho de rayos del poniente solidificados!


El gnomo más viejo, andando con sus piernas torcidas, su gran barba nevada, su aspecto de patriarca, su cara llena de arrugas:


- ¡Señores! -dijo- ¡que no sabéis lo que habláis!


Todos escucharon.


-Yo, yo que soy el más viejo de vosotros, puesto que apenas sirvo ya para martillar las facetas de los diamantes; (yo, que he visto formarse estos hondos alcázares; que he cincelado los huesos de la tierra, que he amasado el oro, que he dado un día un puñetazo a un muro de piedra, y caí a un lago donde violé a una ninfa; yo, el viejo, os referiré de cómo se hizo el rubí.)


Oíd.


Puck sonreía curioso. Todos los gnomos rodearon al anciano cuyas canas palidecían a los resplandores de la pedrería, y cuyas manos extendían su movible sombra en los muros, cubiertos de piedras preciosas, como un lienzo lleno de miel donde se arrojasen granos de arroz.


-Un día, nosotros, los escuadrones que tenemos a nuestro cargo las minas de diamantes, tuvimos una huelga que conmovió toda la tierra, y salimos en fuga por los cráteres de los volcanes.


El mundo estaba alegre, todo era vigor y juventud; y las rosas, y las hojas verdes y frescas, y los pájaros en cuyos buches entra el grano y brota el gorjeo, y el campo todo, saludaban al sol y a la primavera fragante.


Estaba el monte armónico y florido, lleno de trinos y de abejas; era una grande y santa nupcia la que celebraba la luz; y en el árbol la savia ardía profundamente, y en el animal todo era estremecimiento o balido o cántico, y en el gnomo había risa y placer.


Yo había salido por un cráter apagado. Ante mis ojos había un campo extenso. De un salto me puse sobre un gran árbol, una encina añeja. Luego, bajé al tronco, y me hallé cerca de un arroyo, un río pequeño y claro donde las aguas charlaban diciéndose bromas cristalinas. Yo tenía sed. Quise beber ahí… Ahora, oíd mejor.


Brazos, espaldas, senos desnudos, azucenas, rosas, panecillos de marfil coronados de cerezas; ecos de risas áureas, festivas; y allá, entre las espumas, entre las linfas rotas, bajo las verdes ramas…


- ¿Ninfas?


-No, mujeres.


-Yo sabía cuál era mi gruta. Con dar una patada en el suelo, abría la arena negra y llegaba a mi dominio. Vosotros, pobrecillos, gnomos jóvenes, ¡tenéis mucho que aprender!


Bajo los retoños de unos helechos nuevos me escurrí, sobre unas piedras deslavadas por la corriente espumosa y parlante; y a ella, a la hermosa, a la mujer la agarré de la cintura, con este brazo antes tan musculoso; gritó, golpeé el suelo; descendimos. Arriba quedó el asombro; abajo el gnomo soberbio y vencedor.


Un día yo martillaba un trozo de diamante inmenso que brillaba como un astro y que al golpe de mi maza se hacía pedazos.


El pavimento de mi taller se asemejaba a los restos de un sol hecho trizas. La mujer amada descansaba a un lado, rosa de carne entre maceteros de zafir, emperatriz del oro, en un lecho de cristal de roca, toda desnuda y espléndida como una diosa.


Pero en el fondo de mis dominios, mi reina, mi querida, mi bella, me engañaba. Cuando el hombre ama de veras, su pasión lo penetra todo y es capaz de traspasar la tierra.


Ella amaba a un hombre, y desde su prisión le enviaba sus suspiros. Éstos pasaban los poros de la corteza terrestre y llegaban a él; y él, amándola también, besaba las rosas de cierto jardín; y ella, la enamorada, tenía -yo lo notaba- convulsiones súbitas en que estiraba sus labios rosados y frescos como pétalos de centifolia. ¿Cómo ambos así se sentían? Con ser quien soy, no lo sé.


Había acabado yo mi trabajo; un gran montón de diamantes hechos en un día; la tierra abría sus grietas de granito como labios con sed, esperando el brillante despedazamiento del rico cristal. Al fin de la faena, cansado, di un martillazo que rompió una roca y me dormí.

Desperté al rato al oír algo como un gemido.


De su lecho, de su mansión más luminosa y rica que las de todas las reinas de Oriente, había volado fugitiva, desesperada, la amada mía, la mujer robada. ¡Ay! Y queriendo huir por el agujero abierto por mi masa de granito, desnuda y bella, destrozó su cuerpo blanco y suave como de azahar y mármol y rosa, en los filos de los diamantes rotos. Heridos sus costados, chorreaba la sangre; los quejidos eran conmovedores hasta las lágrimas. ¡Oh, dolor!


Yo desperté, la tomé en mis brazos, le di mis besos más ardientes; más la sangre corría inundando el recinto, y la gran masa diamantina se teñía de grana. Me pareció que sentía, al darle un beso, un perfume salido de aquella boca encendida: el alma; el cuerpo quedó inerte.

Cuando el gran patriarca nuestro, el centenario semidiós de las entrañas terrestres, pasó por allí, encontró aquella muchedumbre de diamantes rojos…


***

Pausa.


- ¿Habéis comprendido?


Los gnomos muy graves se levantaron. Examinaron más de cerca la piedra falsa, hechura del sabio.


- ¡Mirad, no tiene facetas!

- ¡Brilla pálidamente!

- ¡Impostura!

- ¡Es redonda como la coraza de un escarabajo!


Y en ronda, uno por aquí, otro por allá, fueron a arrancar de los muros pedazos de arabesco, rubíes grandes como una naranja, rojos y chispeantes como un diamante hecho sangre; y decían:


- ¡He aquí! ¡He aquí lo nuestro, oh, madre Tierra!

Aquello era una orgía de brillo y de color.

Y lanzaban al aire las gigantescas piedras luminosas y reían.


De pronto, con toda la dignidad de un gnomo:

- ¡Y bien! El desprecio.


Se comprendieron todos. Tomaron el rubí falso, lo despedazaron y arrojaron los fragmentos, -con desdén terrible- a un hoyo que abajo daba a una antiquísima selva carbonizada.

Después, sobre sus rubíes, sobre sus ópalos, entre aquellas paredes resplandecientes, empezaron a bailar asidos de las manos una farandola loca y sonora.


¡Y celebraban con risas, el verse grandes en la sombra!


***

Ya Puck volaba afuera, en el abejeo del alba recién nacida, camino de una pradera en flor. ¡Y murmuraba -siempre con su sonrisa sonrosada!:


-Tierra… Mujer…


Porque tú, ¡oh, madre Tierra!, eres grande, fecunda, de seno inextinguible y sacro; y de tu vientre moreno brota la savia de los troncos robustos, y el oro y el agua diamantina, y la casta flor de lis. ¡Lo puro, lo fuerte, lo infalsificable! ¡Y tú, mujer, eres espíritu y carne, toda Amor!


FIN


Comentarios


Dos de las preocupaciones de la vida de Rubén Darío fueron: el incremento del materialismo en nuestras sociedades en parte gracias al positivismo (es decir al desarrollo del pensamiento científico) y la desunión de los países latinoamericanos. Lo cual en mi opinión se puede ver un poco en el cuento que acabamos de escuchar.


De alguna manera, los humanos y los gnomos están obsesionados con las piedras preciosas. Los primeros encontraron una forma científica para falsificar los rubís y por un momento los gnomos admiraron el ingenio de los humanos y el resultado, de aquella gema falsificada.


Sin embargo, cuando el gnomo patriarca cuenta la historia acerca del primer Rubí y como este llegó a tener su color rojo tan distintivo, es decir, a partir de la sangre de su amada - la mujer que el mismo secuestro -; es que los gnomos comprenden que tan únicas y valiosas son las gemas que ellos tan laboriosamente extraen de la tierra.


Y de nuevo los gnomos se unen bajo el estandarte de aquella historia que ha sido romantizada, bajo el duro trabajo que los enorgullece y bajo aquellas gemas tan exquisitas a las cuales ellos les dan forma.


Así que hoy, hablaremos del pasado que ha sido romantizado y los estandartes que nos unen. En otras palabras, hablaremos de los tiempos políticos en los que Rubén Darío vivió y como él respondió a esto.


Mi esperanza es que esto nos dé un mejor entendimiento de la obra de este hombre que en algunos momentos parece contradictoria. Les recomiendo que lean a Rubén Darío ya que fue un hombre cosmopolita, un prolífico poeta, escritor y periodista.


Félix Rubén García Sarmiento nació el 18 de enero de 1867 en Nicaragua y murió el 6 de febrero de 1916 en su patria, después de haber viajado extensivamente por Centroamérica, Sur América y Europa.


En el mundo literario fue conocido como Rubén Darío y se le acredita ser uno de los iniciadores del movimiento literario hispanoamericano conocido como el modernismo que floreció hacia finales del siglo XIX.


Para la época en que Rubén Darío nació, los países centroamericanos que hoy conocemos como Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Honduras habían ganado su independencia de España hacia 46 años. Y eso ocurrió como resultado del acta de independencia de Centroamérica firmada el 15 de septiembre de 1821.


Como estos países de alguna manera nacieron el mismo tiempo, como quintillizos, se pasaron por lo menos un siglo más tratando de conformarse en una sola nación.


En 1880, cuando Rubén Darío tan sólo tenía 13 años y había publicado su primer soneto en un periódico, hubo una violenta tentativa de unificación de estos países. Dicho intento fue llevado a cabo por el presidente guatemalteco Justo Rufino, pero por supuesto no funcionó.


Sin embargo, aquellos que aún tenían la esperanza de unificar las naciones centroamericanas no se dieron por vencidos y por lo menos hubo dos intentos más. El cuarto intento duró dos años desde 1896 hasta 1898 y fue llamado "La República Mayor de Centroamérica". El último intento ocurrió en 1921 pero tan sólo duró seis meses.


Me atrevo a decir que es posible que todos estos intentos por unificar a los países centroamericanos llevaron a Rubén Darío a apoyar dicha idea política y aún más a abogar por la unidad nacional de los países hispanohablantes en Latinoamérica.


Dicha unidad según Rubén Darío debía ser celebrada alrededor de lo que teníamos en común: el legado español, la fe católica y el pasado indígena. Aquel pasado que ha sido romantizado en muchas historias, tal cual como el gnomo patriarca hizo con la historia del Rubí.


Darío tenía la esperanza de que Latinoamérica se uniera y para él, el mejor inicio era a través de la historia indígena que nos unía como latinoamericanos. Darío admiraba la grandeza de los reyes y guerreros de civilizaciones pasadas y se lamentaba por el estado actual de nuestros países fragmentados, heridos y en constante guerra el uno con el otro.


En su poema "A Colón", Rubén Darío nos dice:


¡Desgraciado Almirante! Tu pobre América,

tu india virgen y hermosa de sangre cálida,

la perla de tus sueños es una histérica

de convulsivos nervios y frente pálida.

Un desastroso espíritu posee tu tierra:

donde la tribu unida blandió sus mazas,

hoy se enciende entre hermanos perpetua guerra,

se hieren y destrozan las mismas razas.

[...]

¡ojalá hubieran sido los hombres blancos

como los Atahualpas y Moctezumas!

Cuando en vientres de América cayó semilla

de la raza de hierro que fue de España,

mezcló su fuerza heroica la gran Castilla

con la fuerza del indio de la montaña.


Otro ejemplo de cuan mucho Rubén Darío admiraba el pasado indígena que está en el poema que le dedico al gran líder Toqi Mapuche Caupolicán quien lideró la resistencia contra los conquistadores españoles en lo que es hoy Chile.


“Anduvo, anduvo, anduvo. Le vio la luz del día, Le vio la tarde pálida, le vio la noche fría, Y siempre el tronco de árbol a cuestas del titán.”


“¡El Toqui, el Toqui!» clama la conmovida casta. Anduvo, anduvo, anduvo. La Aurora dijo: «Basta.» E irguióse la alta frente del gran Caupolicán.”


Rubén Darío Fue un hombre de su tiempo y es por eso que quiero que reflexionemos por un minuto la idea sobre la gloria del pasado indígena. considero que dicha idea sólo reivindica un lejano pasado, pero no nos habla sobre el presente y el futuro de aquellos indígenas que han sobrevivido por más de 500 años.


Para mí el hecho de que se haya romantizado en el pasado indígena o en cualquier otro pasado en el caso latinoamericano ha hecho que de alguna manera las comunidades indígenas y otras minorías no hagan parte de los asuntos políticos y económicos de nuestros países en la actualidad.


Rara vez se escucha que sean incluidos en el debate. Porque cuando el pasado de estas minorías se exalta, se habla de los grandes monumentos que construyeron y del heroísmo de sus pasadas luchas, pero se deja a un lado la lucha por la supervivencia.


Y en muchos casos se acaba asumiendo que sólo los indígenas del pasado tenían grandeza y eran inteligentes y astutos y heroicos y que los de ahora no. Por lo cual, me atrevo a decir que ésta es una de las razones por las cuales los latinoamericanos tenemos tantos conflictos en reconocer y admirar el valor de las comunidades indígenas y de otras minorías. Porque básicamente sólo admiramos a sus ancestros.


Ahora, yo no estoy criticando a Rubén Darío por su interés en el pasado indígena y su aparente desinterés en el presente de ellos. Aprecio su trabajo, pero considero que aún para un hombre tan cosmopolita como él, estaba atrapado en el tiempo. Ahora en su defensa debo decir que por lo menos él trajo la idea a colación y eso fue un buen comienzo.


Pero regresemos a los tiempos de Rubén Darío y sus ideas y entre ellas estaba que él consideraba a los Estados Unidos como un modelo a seguir para los países latinoamericanos. Y creo yo que esta idea es compartida por muchos latinoamericanos y consideramos que Estados Unidos es grandioso y es perfecto. Porque estas ideas vienen desde hace más de 100 años y no es sólo Rubén Darío el que las trajo a colación o el que las difundió, han sido nuestros políticos, periodistas, padres y abuelos.


Les voy a dar un pequeño ejemplo personal sobre este asunto. Cuando yo llegué a los Estados Unidos a estudiar, un día en una conversación telefónica con mi madre, le conté que había visto una cucaracha en mi dormitorio. Ella pensó que yo estaba mintiendo o que estaba viendo mal, porque para ella era imposible que en los Estados Unidos hubiera cucarachas y ratas.


Semejantes seres tan asquerosos y sucios jamás andarían por un paraíso como los Estados Unidos.


Al igual que mi madre muchos tienen una idea distorsionada sobre los Estados Unidos. Sin embargo hay una cosa que si es verdad y es que este país es muy exitoso en la forma como publicita sus propias victorias y también es un maestro en lavar la ropa sucia en casa, como dicen en mi país.


Y Rubén Darío sabía esto. Él conocía sobre el apetito voraz que tenía los Estados Unidos en términos políticos y económicos. Él, al igual que muchos intelectuales de su tiempo protestaron la intervención del gigante del Norte.


Así que revisemos rápidamente cuáles fueron aquellas acciones intervencionistas que tan exitosamente los Estados Unidos llevó a cabo.


1. La adquisición de Puerto Rico y el protectorado sobre Cuba después de haber incitado la guerra contra España en 1896, al apoyar la independencia de Cuba.


2. La construcción, apropiación y operación del canal de Panamá desde 1903. En una maniobra muy audaz los Estados Unidos adquirieron Panamá de Colombia facilitando una revuelta que resultó en la independencia de Panamá. Desde allí, los Estados Unidos dictaron todas las facetas de la vida diaria de lo que se convirtió la zona del canal de Panamá. esto duró hasta que finalmente a Panamá se le regresó el control de dicha zona en 1979.


3. La intervención de los Estados Unidos en la revolución mexicana en 1911. Las fuerzas estadounidenses intervinieron en el asesinato del presidente Francisco I. Madero y en la ocupación militar de Veracruz.


4. La ocupación de Nicaragua por parte de los Estados Unidos desde 1912 a 1933 la cual fue parte de la guerra de las bananeras que comenzó en 1898 y terminó en 1934. Donde el ejército de los Estados Unidos intervino en varios países latinoamericanos.


Por supuesto Rubén Darío tuvo algo que decir al respecto en su poema a Teodoro Roosevelt:


“Eres los Estados Unidos,

eres el futuro invasor

de la América ingenua que tiene sangre indígena,

que aún reza a Jesucristo y aún habla en español.

[...]

Crees que la vida es incendio,

que el progreso es erupción;

en donde pones la bala

el porvenir pones.

No.”


A pesar de criticar a los Estados Unidos por su política intervencionista respecto a los países latinoamericanos, Rubén Darío admiraba la capacidad de unión y compromiso que este país tenía. En contraste con la constante animosidad y guerras de nuestros países, lo cual obviamente retardaba el desarrollo de la región. Y aún lo vemos en el día y en las cosas más pequeñas.


Rubén Darío le dedicó a los Estados Unidos el poema Salutación al Águila, escrito en Río de Janeiro en 1906, aquí les van unos de los versos.


“Bien vengas, mágica Águila de alas enormes y fuertes,

a extender sobre el Sur tu gran sombra continental,

a traer en tus garras, anilladas de rojos brillantes,

una palma de gloria, de color de la inmensa esperanza,

y en tu pico la oliva de una vasta y fecunda paz.

[…]

“¡E, plubirus unum! ¡Gloria, victoria, trabajo!

Tráenos los secretos de las labores del Norte,

y que los hijos nuestros dejen de ser los rétores latinos,

y aprendan de los yankis la constancia, el vigor el carácter.

¡Dinos Águila ilustre, la manera de hacer multitudes

que hagan Romas y Grecias con el jugo del mundo presente,

y que, potentes y sobrias, extiendan su luz y su imperio,

y que, teniendo el Águila y el Bisonte y el Hierro y el Oro,

tengan un áureo día para darle las gracias a Dios!”


**

Muy bien mis queridos oyentes espero que hayan disfrutado este rápido paseo histórico. Hay mucho más que se podría decir al respecto, pero éste es todo el tiempo que tenemos.


Y eso es todo por hoy, Tres Cuentos les dice: un cuento o un verso quizá no cambie el mundo, pero si los cantamos al unísono como un coro en rebeldía, podremos hacer que el mundo gire de otra manera y mejorar nuestro entorno.


En nuestro último episodio de Autores Latinoamericanos, viajaremos a mi patria querida, Colombia, para conocer un autor con el que crecí leyendo en el colegio, el inigualable y muy gracioso Tomás Carrasquilla, quien encontró una forma muy única para expresar lo que pensaba, el humor. Por supuesto, con él exploraremos los tiempos políticos en que Carrasquilla vivió.


Hasta el siguiente cuento.


Música:

ChaCha Fontanez – Jimmy Fontannez, Media Right Productions

Dance_Of_The_Sugar_Plum_Fairies_-_Tchaikovsky

Machinations by Kevin MacLeod is licensed under a Creative Commons Attribution license (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/)

Dark Toys – SYBS

Waltz_of_the_Flowers_-_Tchaikovsky

Doll Dancing – Puddle of Infinity

Down - Joey Pecoraro

Dark Hallway by Kevin MacLeod is licensed under a Creative Commons Attribution license (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/)

Serious Piano by Audionautix is licensed under a Creative Commons Attribution license (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/)

Allemande (Sting) - Wahneta Meixsell

Foreign Land (Sting) – Jingle Punks

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