• Carolina Quiroga-Stultz

30 - Autoras Latinas


Una joven se ha unido a la “Asociación secreta de las niñas inútiles pro-defensa de sus intereses”, cuyo único objetivo es encontrar el adecuado marido. En los comentarios, hablamos de la carrera literaria e intelectual de la Argentina Alfonsina Storni, quién ha través de sus más de cien publicaciones en diferentes diarios, aportó a la reflexión social respecto del rol y los derechos de la mujer.


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La Loba

Poema de Alfonsina Storni

En la voz de Julie López


Yo soy como la loba.

Quebré con el rebaño

Y me fui a la montaña

Fatigada del llano.

Yo tengo un hijo fruto del amor, de amor sin ley,

Que no pude ser como las otras, casta de buey

Con yugo al cuello; ¡libre eleve mi cabeza!

Yo quiero con mis manos apartar la maleza.

Mirad cómo se ríen y cómo me señalan

Porque lo digo así: (Las ovejitas balan

Porque ven que una loba ha entrado en el corral

Y saben que las lobas vienen del matorral).

¡Pobrecitas y mansas ovejas del rebaño!

No temáis a la loba, ella no os hará daño.

Pero tampoco riais, que sus dientes son finos

¡Y en el bosque aprendieron sus manejos felinos!

No os robará la loba al pastor, no os inquietéis;

Yo sé que alguien lo dijo y vosotras lo creéis

Pero sin fundamento, que no sabe robar

Esa loba; ¡sus dientes son armas de matar!

Ha entrado en el corral porque sí, porque gusta

De ver cómo al llegar el rebaño se asusta,

Y cómo disimula con risas su temor

Bosquejando en el gesto un extraño escozor...

Id si acaso podéis frente a frente a la loba

Y robadle el cachorro; no vayáis en la boba

Conjunción de un rebaño ni llevéis un pastor...

¡Id solas! ¡Fuerza a fuerza oponed el valor!

Ovejitas, mostradme los dientes. ¡Qué pequeños!

No podréis, pobrecitas, caminar sin los dueños

Por la montaña abrupta, que si el tigre os acecha

No sabréis defenderos, moriréis en la brecha.

Yo soy como la loba. Ando sola y me río

del rebaño. El sustento me lo gano y es mío

Donde quiera que sea, que yo tengo una mano

Que sabe trabajar y un cerebro que es sano.

La que pueda seguirme que se venga conmigo.

Pero yo estoy de pie, de frente al enemigo,

la vida, y no temo su arrebato fatal

Porque tengo en la mano siempre pronto un puñal.

El hijo y después yo y después... ¡lo que sea!

Aquello que me llame más pronto a la pelea.

A veces la ilusión de un capullo de amor

Que yo sé malograr antes que se haga flor.

Yo soy como la loba,

Quebré con el rebaño

Y me fui a la montaña

Fatigada del llano.


Bienvenida


Un caluroso saludo a los oyentes de Tres Cuentos, el podcast dedicado a las narrativas literarias, históricas y tradicionales de Latino América. Yo soy Carolina Quiroga-Stultz. En el episodio de hoy, exploraremos la crónica satírica de la autora argentina Alfonsina Storni. La voz que acaban de escuchar leyendo el poema “La Loba” es Julie López, host del programa LA Mami Life.

Una vez más debo confesar que hasta no hace mucho conocía poco o nada acerca de Alfonsina Storni. ¿Entonces como acabe leyéndola? Bueno, hace un par de meses, le conté a mi madre sobre el tema que estaríamos tratando. Ella dijo “¡Ah! mija, ¿pues qué tal Alfonsina Storni?” Yo dije, “¿quién?” Ella respondió, “la poeta argentina que se suicidó”.

Yo me pregunte, “¿Acaso será la misma Alfonsina de la canción de Mercedes Sosa? Al principio solo encontré su poesía. Frustrada pensé, “¿y es qué no escribió nada más?” Por un par de días la dejé a un lado, pero Alfonsina es persistente. Su voz me susurraba, “yo escribí más que esos versos”. Fue así como llegó a mis manos el libro Alfonsina Storni: Nosotras y la piel, publicado por Alfaguara Argentina, del cual nos llega el cuento de hoy.

En este episodio en español contaremos con la colaboración de la melodiosa voz de Sole Rebelles, narradora argentina. Les contaré más acerca de ella cuando lleguemos a los comentarios.


La perspicacia de Alfonsina Storni, la llevó a ser observadora y protagonista de su tiempo, dejando una huella impresa que transformó la vida de muchas. Desde su poesía y prosa Alfonsina Storni dijo claramente quién quería ser, una mujer para la mujer.

Diario de una niña inútil, 23 de mayo de 1919

Por Alfonsina Storni

Adaptado por Carolina Quiroga-Stultz

En la voz de Sole Rebelles

Esta mañana al levantarme me he acordado de que alguien dijo que un hombre completo debe en la vida tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro.


Yo no suelo ser muy afecta a seguir los pensamientos de nadie, pero éste me ha gustado… Son tan verdes las hojas de los árboles…tienen tantas hojas…Algún día me voy a entretener en contar las hojas que tiene un árbol.


He pensado también que una mujer completa debe escribir su diario: todas las grandes mujeres lo han hecho así; más aún, algunas se hicieron grandes después de publicar su diario…


Desde hoy, pues, empiezo a escribir mi diario; pondré en él todos mis pensamientos íntimos, mis temores, mis afanes…lo más importante que me ocurra.


Empezaré por hoy…

¿Qué me ha ocurrido hoy?

Nada.

He estado contenta todo el día…

No me ha aburrido…

¡Ah, me olvidaba! A las tres de la tarde sentí una fuerte puntada en un pie.

¿Será esto de mal gusto?

¿Tendrá algo que ver el buen gusto con la psicología?

Lo pensaré seriamente.

Primavera de 1919


He recibido esta tarde, de mi amiga Mochita, un decálogo interesantísimo. Resulta que se ha constituido una “Asociación secreta de las niñas inútiles pro defensa de sus intereses”.

La Asociación ha formulado un programa completo y sus sometidas deben aceptar este decálogo:

1° Cazar novio sobre todas las cosas.

2° No ponerse a la caza en vano.

3° Santificar las “fiestas”.

4° Honrar Oro y Lujo.

5° Matar callando.

6° No hurtar a la amiga un novio pobre.

7° No estornudar (sobre todo delante de los hombres, porque las chicas se ponen muy feas).

8° No deslizar falsos testimonios sino en un elogio y no mentir cuando una pueda ser descubierta.

9° No desear el marido de la amiga antes de que aquél enviude.

10° No codiciar más que aquello que se pueda obtener salvando el honor.

(Aquí siguen accesorios del decálogo, con detalles muy interesantes.)


Medito:

El decálogo no está mal, pero esta Mochita es un poco descocada… ¿A quién se le ocurre prohibir que se robe un novio pobre?


¡Hay cada deseo de hacer ganar dinero a los fabricantes de tinta!

Y escribo esto porque creo que esta franqueza mía expresa mi íntima psicología y no debo olvidarme de la receta para transformar una niña inútil en una gran mujer…

Noviembre 4


Vengo de la reunión secreta: he salido convulsionada…

Tengo 25 años…

¡Horror!

Desde mañana heme a la caza de un hombre, pequeño o grande, delgado o grueso, rubio o moreno… el país necesita mi concurso maternal.

Dios mío, inspírame.

Noviembre 6


La elección del traje es una cosa muy importante para la caza del novio (eso dicen los accesorios del decálogo). Así, pues, para la fiesta de mañana debo elegir bien: el rosa me queda monísimo; mis ojos brillan más, resalta la negrura de mi cabello…


¡El blanco!… Oh, el blanco me queda divino… parezco uno de los angelitos que danzan en el cielo bajo los árboles llenos de panecillos de oro…


Pero el lila… el lila es mi color predilecto… lilas eran las ojeras de Margarita Gautier.

(Podemos hablar de Margarita Gautier porque se arrepintió.)

Esto no entra en el decálogo, pero ¿por qué no hemos de hacerle unas escapadas al decálogo?


¿No dicen que en las mujeres todo son “escapadas”?


Me decido pues por el vestido lila… Ah, pienso ahora que tiene un escote demasiado pronunciado…


Voy a consultar los accesorios del decálogo:


“Es preferible que el escote sea discreto: la gasa es muy importante en la caza del novio.”

Sí; le añadiré dos centímetros de gasa al escote, porque colijo (esta palabra es muy poco usada entre las niñas), porque colijo que los centímetros son cosa muy grave en la vida femenina. ¿Si habré escrito yo halago digno de una gran mujer?

Noviembre 7


Ah, he sufrido una rabieta…


Creí anoche haberlo apresado ya… lo creí por momentos.


Usé con discreción de las nociones adquiridas en la Asociación secreta…


Pero estoy convencida ahora de que tropecé con un tilingo.


Después de las primeras escaramuzas empezó a observarme como si me tuviera debajo de un microscopio.


¡Uf! Estos profesionales son unos insoportables. Se les ha dado ahora por las grandes cosas.

Han perdido la sencillez de corazón. No son capaces de sentir, así, a primera vista, una pasión avasalladora, ciega.


¡Quién me diera hallar hombres como los de otros tiempos!


¡Entonces sí que el decálogo!…


Oh, pero no desespero de hallar mi media mitad.


Me vengaré…


Odio a los hombres con bisturí y microscopio.

Noviembre 19


Hace algunas semanas que no toco mi diario… los días van pasando uno a uno… estoy un poco aburrida.


Ayer vino a verme Mochita; me dijo que el decálogo le ha dado gran resultado…

Se casa este verano.

Y se casa bien.

¡Qué encanto de chica!


Hace días hizo poner como lema de la Asociación secreta esta sentencia: “la mujer ha nacido para desarrollar una acción moral y educadora”.

¡Ya lo creo!

Diciembre 20


Estoy nerviosa, febriciente… un mes más y empiezo los 26 años…

¡Qué tarde estúpida!

Llueve.

Diciembre 25


Tengo un gran programa… a las sierras nos vamos… y va con nosotros… ¡Oh!, me guardo el nombre… hay cosas que no deben ser profanadas… Sobre todo, el pudor…


Ayer nos han dado en la Asociación secreta nuevas lecciones; las cosas todas se vuelven cada día más difíciles…

Hay que avanzar…

Las cosas se modifican. Es imposible no seguir el conjunto de estas cosas…

Enero 15


¡Eureka!

¡Lo pesqué… lo pesqué!

Es un hombre; oídlo… sabedlo, humanidad venidera; es un hombre lo que he pescado…

(Oh, dioses, os ruego que no lo confundáis con un grillo.)

Enero 25


Diario mío; me despido de ti por unos meses…

Al decálogo me debo…

He dejado ya de ser una mujer; soy un decálogo en acción.


Día a día, noche a noche, me debo a la repetición sagrada: el 1°: Cazar novio sobre todas las cosas… El 2°: etc., etc.

Por la copia.

Comentarios


Queridísimas y queridísimos oyentes, es la hora de hablar de las crónicas de Alfonsina Storni. Pero antes de deleitarlos con la vida y obra de esta grandiosa mujer, me complace presentarles a las contribuyentes de este episodio, en orden de aparición.


De izquierda a derecha: Julie López (California), Sole Rebelles (Córdoba, Argentina)


Julie López quien leyó el poema inicial de “La Loba”, es una madre latina radicada en Los Ángeles, host del blog LA Mami Life, un blog de familia y estilo de vida. El programa inicio con el deseo de superar la depresión posparto y compartir su experiencia y perspectiva como madre latina. Actualmente el programa incluye entrevistas en Facebook Live en español con invitados expertos en temas diversos que comparten recursos e información de interés para la comunidad. Pueden encontrar más en: http://lamamilife.com/home/


Sole Rebelles, es narradora de cuentos. Vive en la ciudad de Córdoba, Argentina. Transita esta profesión desde hace 17 años. Es promotora de lecturas y trabaja en el Centro de Difusión de Literatura Infantil y Juvenil (CEDILIJ) desde hace 12 años. Allí coordina la biblioteca de la escuela Isaac Newton en sus tres niveles. Lleva adelante -junto al grupo Cuentos en Boca- el proyecto Aromas cercanos, recopilación de sabores, por el que fue destacada en 2019 con una Beca del Fondo Nacional de las Artes. Está preparando algunas nuevas propuestas a partir de la experiencia de reclusión preventiva.


Puedes conocer más acerca de Sole Rebelles en https://cuentosenboca.blogspot.com/p/sole-rebelles_10.html


Recuerden que si visitan nuestra página web www.trescuentos.com pueden leer y escuchar todos los episodios y suscribirse a nuestro boletín. ¡Y si les gusta el podcast les agradecemos nos dejen un buen comentario en Apple podcast!


*

Comencemos pues. Curiosamente por mucho tiempo Alfonsina Storni fue conocida, tanto por sus contemporáneos y por lectores, como una autora sentimental. Pero como acabamos de escuchar no hay mucho rastro de sentimentalismo ni en el poema de “La Loba” ni en la prosa “Diario de una niña inútil”. Por el contrario, es evidente la parodia y critica que hace de las mujeres y en general de la sociedad. Entonces, ¿por qué se ganó el título de poeta sentimental?


Durante su vida la autora publicó diferentes libros de poesía, dio recitales, gano premios y reconocimiento por sus versos y hasta fue profesora de lectura y declamación. Sin embargo, su vasta prosa tan fragmentada -por haberla publicado en diferentes diarios- fue de alguna manera olvidada. Pero ahora sabemos que dicha producción literaria e intelectual siempre fue parte importante y reveladora del pensamiento y convicción de Alfonsina. Lo cierto es que los más de cien artículos que escribio, aún no han sido completamente recopilados en libros.


Nos dice Graciela Queirolo en su artículo “Una modernidad femenina: las crónicas de Alfonsina Storni”, que la poeta fue parte de “una generación de mujeres intelectuales latinoamericanas que a lo largo de las décadas de 1920 a 1950 expresaron en sus escritos subjetividades femeninas novedosas resultado de sus experiencias en una modernidad emergente”.


Dicha modernidad, que a muchos les suena como algo novedoso, progresivo y beneficioso, trajo significativos cambios al mundo y a todos sus habitantes. La vida de por sí para la mayoría de aquellos que no tenían herencia o abolengo jamás fue sencilla, pero la modernidad complico todo aún más.


En el caso particular de Storni desde temprana edad tuvo que ayudar a sus padres en los negocios familiares que lamentablemente no prosperaron, y cuando su padre murió debió entrar de lleno a trabajar.


En 1907, mientras Alfonsina trabajaba en una fábrica de gorras, se une a la compañía teatral de Manuel Cordero, la cual sale de gira el año siguiente. Para 1909, Alfonsina entra a estudiar en la Escuela Normal Mixta de Maestros Rurales en Coronda, donde también trabajaba como celadora para poder mantenerse y los fines de semana actuaba en un pequeño teatro de Rosario. Al siguiente año se graduó como maestra rural, y en 1911 ya estaba dictando clases.


Durante este mismo año, Alfonsina publicó regularmente sus poemas en las revistas locales de Rosario, entrando así en los círculos literarios de la ciudad. Para 1912, Alfonsina tiene un hijo y en los siguientes tres años trabaja en una farmacia, luego en una firma importadora de aceites, publica su primer libro de versos: La inquietud del rosal (1916) y colabora con las publicaciones Caras y Caretas, La Nota, El Hogar, Mundo Argentino y Nosotros.


De ahí en adelante Storni continúa publicando poesía, colaborando en diarios, dando recitales y empleándose en varios puestos. Porque trabajar diferentes puestos al mismo tiempo para sobrevivir hacia parte de los dictámenes de la modernidad. Y si vamos a ver, cien años después la cosa no ha cambiado mucho.


Domesticidad y trabajo


Dicen las buenas lenguas que el deseo de Alfonsina era ser poeta, mientras que el asunto periodístico no era más que una oportunidad para hacer un dinero extra, y ejercer su pensamiento crítico de forma continua.


Alfonsina era una mujer de iniciativa, recursiva y de aguda inteligencia, y ciertamente los tiempos en que vivió le dieron tela que cortar. El escenario de la modernidad le dio la oportunidad de desplegar su analítico pensamiento. O sea, ver lo que otras no veían dentro del caos, el positivismo del progreso y los acelerados cambios políticos, sociales y económicos de principios del siglo XX.


Nos dice Queirolo que la modernidad traída por el capitalismo industrial que acompaño la primera parte del siglo XX, “dio lugar a la ideología de la domesticidad”. En otras palabras, dio pie al concepto de “esferas separadas” para el hombre y la mujer. La mujer en consecuencia podía participar más, pero con restricciones debido a su condición femenina—una condición ligada a la biología de ésta, a su aparente fragilidad, a la tendencia a la tontería y la debilidad de carácter.


Por ejemplo, Queirolo, cita a Marcela Nari (1996) diciendo que el discurso médico contribuyó a hacer de la maternidad la esencia femenina. Procrear era entonces natural a nuestro género y una ambición sublime. Bajo esta línea muchos sectores sociales se opusieron a la idea de la mujer trabajadora de fábricas, argumentando que dichos trabajos traían problemas con la maternidad.


Por lo tanto, aquellas mujeres que no se conformaban con el trabajo doméstico y el rol de esposas y madres, y por el contrario escogían otro camino, eran vistas como moralmente sospechosas. Esto me recuerda a las veces que escuche a hombres mayores referirse a sus esposas como: ¡ella es una buena ama de casa! Lo curioso es que no hace mucho escuche a un hombre joven decir lo mismo de su esposa, como si no tuviera más que decir de ella.


Continua Queirolo explicando que, a pesar de la crítica hacia las mujeres trabajadoras, también existía una cierta necesidad de mano de obra e incluso se incentivaba el trabajo femenino siempre y cuando fuera por “situaciones de soltería, viudez, necesidad o bien como una actividad transitoria, que sería abandonada luego del matrimonio y de la maternidad”.

Dentro de esta esfera femenina de domesticidad que aún en nuestros días sigue vigente, es que Alfonsina, decide abogar por la mujer trabajadora, por la madre soltera, por la mujer migrante y por aquellas a quién la domesticidad les parecía una jaula.


Les comparto entonces uno de los más famosos poemas de Alfonsina que expresa la sofocación que se impone a la mujer.


Hombre pequeñito, hombre pequeñito,

Suelta a tu canario que quiere volar...

Yo soy el canario, hombre pequeñito,

déjame saltar.

Estuve en tu jaula, hombre pequeñito,

hombre pequeñito que jaula me das.

Digo pequeñito porque no me entiendes,

ni me entenderás.

Tampoco te entiendo, pero mientras tanto

ábreme la jaula que quiero escapar;

hombre pequeñito, te amé media hora,

no me pidas más.

Tao Lao

Ciertamente la poesía fue una herramienta a través de la cual Alfonsina Storni, cuestionó sutilmente el patriarcalismo, pero también puso en tela de juicio las decisiones y ambiciones de sus contemporáneas. Queirolo dice que “Storni se apropió de estos espacios, y burló los procedimientos de control del discurso, gracias a una serie de estrategias”.


Una estrategia fue Tao Lao. En la mayoría de sus colaboraciones con otros diarios, la autora firmaba sus artículos como Alfonsina Storni. Por ejemplo, el texto del “Diario de una niña inútil” que escucharon al principio del episodio fue firmado como tal. Sin embargo, los artículos que publicó en el diario La Nación en 1920 fueron firmados como Tao Lao.


Nos dice Queirolo que el tono usado en el diario La Nación era el de “la crónica informativa y aparentemente trivial”. Quizá porque la sección donde Storni escribía para dicho diario se llamaba “Bocetos Femeninos”. El cual era un suplemento dominical que publicaba recetas de cocina, notas sobre las tendencias de la moda europea, anuncios de eventos sociales, aniversarios, quinceañeras, matrimonios y nacimientos. Es dentro de esta vitrina social que Alfonsina presenta los diferentes personajes de la modernidad urbana, a partir de la pluma enmascarada del viudo Tao Lao.


Aclaremos que este enmascaramiento no es producto de ningún miedo a la censura. En el pasado otras mujeres habían publicado sus escritos bajo nombres masculinos dadas las restricciones sociales. No obstante, este no es el caso de Storni. De hecho, ella ya publicaba en muchos otros diarios, en algunos casos usando un tono polémico, pero aun asumiendo autoría.


Lo que el seudónimo de Tao Lao hace es permitirle a Alfonsina entrar en otra esfera, la masculina. Le permite ser parte de aquellas múltiples voces masculinas que hablaban sobre la mujer y para la mujer. Tao Lao, es sutilmente paternal, parece hablarles a ambos géneros, pero planta semillas en sus lectoras, semillas de duda respecto a lo que tantos hombres en sus vidas les han asegurado.


Al respecto nos dice Tania Diz en su artículo “Identidad, cuerpo y mutación. Las columnas periodísticas de Alfonsina Storni en La Nación”, que el objetivo de Tao Lao era más bien “dejar la polémica de lado para camuflarse en una apariencia masculina y, desde allí, por medio de la ironía, subvertir aquellos enunciados considerados verdades y dejar que la razón se manifieste”.


Les leeré un extracto de un artículo publicado el 17 de octubre de 1920, firmado por Tao Lao y titulado: “Las lectoras”.


“Una gran cantidad de mujeres tiene marcada preferencia por la literatura femenina: novela y verso. Puede deducirse de esta rápida anotación que la lectura preferida por la mujer está bien de acuerdo con su íntima naturaleza. Ella quiere sentir sin pensar demasiado: literatura mística, sentimental, psicológica, romántica, pasional, he aquí sus preferencias, exigiendo por lo general que la lectura hable a su imaginación, a sus sueños, a sus problemas psicológicos, más que a la razón pura.


La gran mayoría de los hombres no escapa tampoco a esta norma, pero lo que debe señalarse como característico de la lectora es que se mantiene en cierto término medio: ni asciende a la gran literatura ni desciende a la pésima, y lee evidentemente para deleitarse, entretenerse y no para saber, evitando sistemáticamente la lectura científica…”


Si aún se les escapa la intención subversiva de Tao Lao les leeré otro extracto de un artículo publicado el 26 de septiembre de 1920, que se llama: ¿Existe un problema femenino?

“Así, mujeres y hombres, han dado en decir que existe un problema femenino, pero quitando el adjetivo separador, vemos que no existe un problema femenino; que sólo existe un problema humano…. supongamos que los hijos no lleven ya el apellido de los padres, y que los hombres no se vean en la obligación moral de atender a la subsistencia de la familia.

El hombre en este caso habría perdido toda su autoridad sobre la mujer…Esta absoluta disgregación, que obligaría a la mujer a procurarse ineludiblemente su propia subsistencia, habría solucionado de hecho el problema femenino”.


Curiosamente después de cien años todavía estamos enlodadas tratando de solucionar el problema femenino y el dilema familiar.


Feministas


Y ¿por qué es que hablaba de la crisis femenina y la familiar en dichos tiempos?


Asegura Tania Diz citando a Dora Barrancos que “el período de entreguerras fue desde todo punto de vista una larga transición para la condición femenina en general, pero especialmente para las muchas mujeres que llevaron adelante tareas productivas en el seno del hogar y sobre todo para las que lo abandonaron a fin de ejercer empleos, suspendiendo así el duro mandato de las devociones a la familia. Durante este período se expandió el trabajo femenino en el magisterio, los servicios, las casas de comercio, la manufactura y la industria”.


Por supuesto, Storni no iba a dejar pasar el momento para expresar su más fino pensamiento respecto a las valientes mujeres que se atrevían a trabajar en lugar de quedarse en casa, que se atrevían a pensar por sí mismas. En el artículo “Un libro quemado”, publicado el 27 de junio de 1919 firmado con su nombre, la autora expone el peligro que significa reconocerse feminista.


Ella dice “La palabra feminista, ‘tan fea’, aun ahora, suele hacer cosquillas en almas humanas. Cuando se dice ‘feminista’, para aquéllas, se encarama por sobre la palabra una cara con dientes ásperos, una voz chillona. Sin embargo, no hay mujer normal de nuestros días que no sea más o menos feminista. Podrá no desear participar en la lucha política, pero desde el momento que piensa y discute en voz alta las ventajas o errores del feminismo, es ya feminista, pues feminismo es el ejercicio del pensamiento de la mujer…”


Personalmente, me causó mucha gracia este texto cuando lo leí. Si hace cien años la palabra feminista evocaba una mujer fea de voz chillona, dicha alusión no ha cambiado demasiado.

Lo cual me pone a pensar que alrededor de dicha palabra se ha creado un estereotipo que busca asustar a más de una. Y como nadie quiere ser considerada desagradable es más fácil callar, mirar para otro lado, antes de que el dedo que juzga nos haga sentir como parias.

Llama la atención que la imagen del dedo del juez parece una extensión de un brazo masculino. Pero, lo interesante es que hay casos en que son las mismas mujeres las que censuran a sus pares.


Nos dice Tao Lao en el artículo “La mujer enemiga de la mujer”, publicado el 22 de mayo de 1921 que: “No deja de ser curiosos que siendo los hombres los menos dañados moralmente por sus infracciones a la moral corriente, hayan establecido esta solidaridad tácita, mientras que las mujeres, más necesitadas de piedad, de comprensión y de perdón…sean…enemigas sistemáticas. Las mujeres madres, cuya condición especial debiera ensanchar su corazón…perdonan difícilmente a la madre llamada ilegal”.


Más adelante continua Storni diciendo en el mismo texto: “A falta de educación del carácter y a carencia de buena disciplina mental, hay que achacar tanta enemistad de mujer a mujer. Porque la natural competencia que, por ser sujetos elegibles, se ha establecido desde antiguo entre las mujeres, obligándolas a destacarse sobre las demás, por ser, o aparentar ser, más bellas, más virtuosas, más elegantes que sus competidoras, lo que obliga a la exageración del defecto, o de la falla moral de la enemiga”.


Y pareciera que no mucho ha cambiado desde los tiempos en que Alfonsina miraba con asombro e ironía la guerra que se hacían de mujer a mujer. Solo hay que ver esos reality shows de House Wives o Bachelors, para muchos hay valor y entretenimiento en ver mujeres peleando y destrozándose verbalmente la una a la otra.


El voto femenino y la verdadera autodeterminación


Al respecto, en 1919, desde las columnas de la revista La Nota, Alfonsina dice: “¿Cómo ha de dársele voto a la mujer, cuando está afectada por incapacidades relativas, que, según las palabras de la ley la inhabilitan para ser testigo en los instrumentos públicos y testamentos, para administrar sus bienes, si es casada, para ser tutora de sus hermanos menores o sobrinos, para ejercer algunas profesiones especiales, como escribano público, por ejemplo, o corredora de comercio? Importa, antes que todo, que la ley vuelva sobre sus pasos y borre estas incapacidades, muy lógicas en otros tiempos, cuando la vida económica era otra…”


Si lo pensamos bien, muchas de esas restricciones de las que habla Storni han sido solventadas en muchos países, aunque sorprende que, a pesar de ello, aún haya algunas que prefieren callar su voto para que su compañero no se moleste. En otras palabras, para no alterar la paz familiar.


En el pasado esto se justificaba en el temor de alterar la estabilidad económica, lo que Storni llamaba: cobardía económica”, el terror que muchas tenían de desestabilizar o abandonar el mundo doméstico y tener que valerse por sí mismas.


Recuerdo que alguna vez mi madre me contó de una amiga muy querida de ella, que había tomado la decisión de divorciarse. Mi madre sufrió por ella. En el imaginario de mi progenitora y en el de muchas otras de su generación, la mujer no podía sacar la familia adelante sola. Eso era un suicidio social, quién le iba a dar la mano, quién la iba a emplear. Lo cierto es que no fue fácil para la amiga de mi mamá, pero lo logró. Y me pregunto: ¿cuántas no se han quedado atrapadas en ese miedo?


Dice Claudia Edith Méndez (2004), en la disertación “Alfonsina Storni: Análisis y contextualización”, que para Storni votar o no votar no iba a cambiar nada de forma sustancial. Lo que había que hacer antes de garantizar el voto era “acabar con la idea de la ‘incapacidad’ de la mujer y asegurarle los mimos derechos económicos que el hombre. El derecho al trabajo, a un sueldo justo, a la protección completa de la ley es lo que necesita ser cambiado. Sin estos cambios el voto femenino ‘sería sumar ineptas a ineptos’ ya que los hombres votan a un determinado partido por simpatía, esperando beneficios económicos inmediatos”.


Si tan solo Alfonsina si supiera que las mujeres todavía ganan menos que los hombres. Lo que sorprende es que en un país como los Estados Unidos que habla tanto de libertad y derechos, la Corte Suprema recientemente despejó el camino para que la administración Trump amplíe las exenciones para los empleadores que tienen objeciones religiosas o morales para cumplir con el mandato anticonceptivo que regía bajo Obama Care. Es decir que los empleadores pueden negar a las mujeres el acceso a un plan anticonceptivo a través de su seguro de salud.


En las palabras de Claudia Edith Méndez (2004), “la verdadera liberación vendrá de las propias mujeres, lo importante es vivir lo público y lo privado con completa coherencia. Sin abismos entre lo que se dice y lo que se hace”.


Ya Alfonsina lo dijo: “Son 714.000 las mujeres que trabajan en el República! Todas estas mujeres capacitadas para ganarse la vida, y que representan una fuerza considerable, merecen, cuando menos, la inteligencia de los legisladores”.


Para la autora la democracia que tanto defendemos no depende del derecho a votar, pero en la voluntad de participar, actuar y hasta protestar. Storni considera el voto insignificante, porque se aprende participando. Y si lo piensan por un momento, las últimas protestas que han sacudido al país han generado en breve tiempo más cambios que el voto.


Moda y modernidad


Me pregunto, ¿de qué se trata entonces ese asunto de ser una mujer moderna? Al parecer, para muchas mujeres de la época de Alfonsina, ser moderna no era solo votar y trabajar, sino estar a la última moda.


Explica Catalina Olea (2016) en su artículo “Muchachas de Buenos Aires y figurines de París: moda y modernidad en las crónicas de Alfonsina Storni” que “Para muchas mujeres, el boom de la moda no representó más que una nueva forma de alienación… (en otras palabras, un traje nuevo para un mismo papel)”.


Dice la autora que otras mujeres como Storni, vieron en ese caótico fenómeno de masas que fue la moda, nuevas formas de expresión que se alejaban del modelo patriarcal. En consecuencia, Alfonsina aprovechó el tema de la moda para cuestionar la fascinación con la novedad, el progreso, y la pérdida o falta de personalidad.


Al respecto Storni escribió: “Si se mira a un muchacho no hace falta mirar a los demás: todos dan un aspecto de uniformidad especial…Es el mismo cabello tirado hacia atrás y bien lustrado y dominado a base de sustancias grasas; es la misma corbata, el mismo talle, la misma conversación, las mismas ideas, ¿hijos acaso de un sacabocado que los recorta de un golpe a la vida y los arroja a los bailes familiares? Las chichas, por lo menos, tienen cada una su pequeña personalidad…ésta tiene una linda sonrisa, aquélla maneja bien el piano, la otra atrae por su cabeza rubia”.


Continua Catalina Olea reflexionando que los medios de comunicación hicieron entonces de la experiencia de la modernidad algo muy natural. Seduciendo al público femenino con la idea de la “nueva mujer”. Una imagen que prometía protagonismo, en el escenario del “último grito de la moda”. La mujer que está al corriente de las nuevas tendencias es entonces una dama empoderada, una mujer temida, admirada y deseada. Una mujer envidiada por otras por la forma perfecta en que ha logrado subordinarse a la dictadura de la imagen y la representación.


Dentro de este escenario citadino, Storni destaca a dos figuras “la impersonal”, y “la irreprochable”. La primera es la que copia las tendencias, la que adopta “sin consultar su comodidad, ni sus medios”. Es aquella cuya personalidad no se distingue de la imagen, la marca o la pose. En el otro lado del ring social, Storni ubica a la seguidora más incondicional de la moda, “la irreprochable”.


Les leeré apartes de uno de mis textos favoritos de Alfonsina, que al igual que los otros que he leído a través del episodio pueden encontrar en el libro Alfonsina Storni, Nosotras y la Piel, publicado por la editorial Alfaguara.


El texto se titula La irreprochable, publicado el 5 de julio de 1920.


Y dice así “Benefactoras de la humanidad son, sin duda, aquellas hábiles mujercitas que se pasan media hora delante del espejo, nada más que para rizarse las pestañas y arquearlas en sentido contrario al globo del ojo, corrigiendo así la obra de la mano, sin duda zurda, que les restó medio milímetro de elipse a sus órbitas oculares…aquellas benefactoras han pensado, sin duda, en lo caritativo que resulta proporcionar a la mirada del que pasa el espectáculo feliz de una selva tupida de grandes pestañas, en cuyo centro dos lagunas azules, o verdes, o grises, completan la ilusión de pródiga naturaleza.


Para llegar a este resultado los aceites de nuez, almendras, ricino y otros muchos, han inundado durante la noche el pie de cada pestaña, a modo de las acequias que, desbordando, inundan el pie de cada árbol y fertilizan el terreno propicio al nuevo árbol (o a la nueva pestaña).


Con este procedimiento, repetido durante meses, se ha logrado el aumento de ocho pestañas por ojo, si el cálculo de una amiga mía no me engaña, amén de un considerable crecimiento del arbolito pestaña…


Y si la veis a las cuatro de la tarde, cuando sale de su casa, y la encontráis a las siete, cuando regresa, observaréis que ni un cabello se ha movido de su sitio…


He aquí una estadística que me dio una amiga calculada, ésta, para tres o cuatro horas de estada en la calle, incluso visitas a tiendas y té: [Se llama] Movimientos aproximados que cuesta mantener la irreprochabilidad callejera.


Miradas al espejo (distintas clases, tamaños y lunas) 25

Miradas en los cristales de las vidrieras 60

Estiramiento de guantes 12

Cuidado de que los alfileres no escapen de su sitio 10

Humedecimiento de los labios 30

Afirmación especial de la pechera con un tironcito 5

Llevada de las manos a las horquillas que sostienen el velo 18

Reposición de polvos (muy discreto) 2

Enderezamiento de las cuchillas de las medias 2

Lustrada furtiva de zapatos, restregándolos contra la parte posterior de la pierna 6

Imprevistos con respecto a carteras, cuellos, pliegues, etc. 50

Total de movimientos 220

Lo que nos hace deducir que, si después de dos años de esta táctica para mantener la irreprochabilidad callejera, este fervor estético alcanzara el premio de un esposo, este esposo representaría, en el supuesto que la irreprochable hubiera salido a la calle nada más que dos veces por semana, cerca de 45.000 movimientos “ad-hoc”, lo que significa un desgaste muscular…


Y luego, que se atreva a afirmar alguien que un hombre no vale nada…”


Firma Tao Lao.


Y con esta descripción de impecabilidad para causar una buena impresión y cazar un buen marido, damos por terminada la temporada de Autoras Latinas. Regresaremos en un par de meses para celebrar la hispanidad.

Hasta el siguiente cuento, adiós, adiós.


Bibliografía

1. Nosotras… y la piel. Selección de ensayos de Alfonsina Storni. Compilación y prólogo Mariela Méndez, Gabriela Queirolo, Alicia Salomone. 1998. Alfaguara. Buenos Aires.

2. Alfonsina Storni, Selected Poem. Edited by Marion Freeman. Translated by Marion Freeman, Mary Crow, Jim Normington, and Kay Short. White Pine Press, 1987.

3. (Dissertation) “Alfonsina Storni: Análisis y Contextualización del Estilo Impresionista en sus Crónicas” Claudia Edith Mendez. University of Maryland. 2004. URL: https://drum.lib.umd.edu/bitstream/handle/1903/1706/umi-umd-1659.pdf;jsessionid=614CAEFC481BCA485EB0EB878FC26D82?sequence=1

4. “Muchachas de Buenos Aires y figurines de París: moda y modernidad en las crónicas de Alfonsina Storni” Catalina Olea. Universidad de Chile. Meridional Revista Chilena de Estudios Latinoamericanos. Número 7, octubre 2016, 83-104. URL: https://www.academia.edu/29297278/Muchachas_de_Buenos_aires_y_figurines_de_Par%C3%ADs_moda_y_modernidad_en_las_cr%C3%B3nicas_de_alfonsina_storni

5. “Identidad, cuerpo y mutación. Las columnas periodísticas de Alfonsina Storni en La Nación” Tania Diz. MORA, Vol. 1, núm, 1-12, 2006, pp. 122-136. URL: https://www.aacademica.org/tania.diz/10.pdf

6. “Hombres fósiles, suegras terribles y niñas inútiles en la escritura periodística” Tania Diz. Revista Nuestra América. Revista de Estudios sobre la Cultura Latinoamericana n.2 – Cultura Argentina. Porto Agosto – diciembre 2006. URL: https://bdigital.ufp.pt/bitstream/10284/2369/3/155-167.pdf

7. “Alfonsina Storni” Centro Virtual Cervantes. Instituto Cervantes (España), 2006-2020. URL: https://cvc.cervantes.es/actcult/storni/antologia/antologia01.htm

8. “Una modernidad femenina: las crónicas de Alfonsina Storni.” Graciela Queirolo. Revista Feminaria Literaria. Año XII, No19 (abril 2007) pp.103. URL: https://www.academia.edu/38396991/Una_modernidad_femenina_las_cr%C3%B3nicas_de_Alfonsina_Storni

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