• Carolina Quiroga-Stultz

36 - Literatura Afrodescendiente


La escritora ecuatoriana afrodescendiente Luz Argentina Chiriboga explora lo que es llamarse Linda cuando el aspecto de la portadora es lo opuesto al estándar de belleza. En los comentarios hablamos sobre cómo el cristianismo hiló algunas de las ideas racistas que todavía permean nuestras sociedades.






1796: Caracas

Se compra piel blanca


La corona española ya no considera vil el linaje indio; la sangre negra, en cambio, oscurece los nacimientos por muchas generaciones. Los mulatos ricos pueden comprar certificados de blancura pagando quinientas monedas de plata.


Por quitarle el borrón que le aflige en extremo, el rey declara blanco a Diego Mejías Bejarano, mulato de Caracas, para que su calidad triste e inferior no le sea óbice (impedimento) al uso, trato, alternativa y vestido con los demás sujetos.


En Caracas, sólo los blancos pueden escuchar misa en la catedral y arrodillarse sobre alfombras en cualquier iglesia. Mantuanos se llaman los que mandan, porque la mantilla es privilegio de las blancas damas. Ningún mulato puede ser sacerdote ni doctor.


Mejías Bejarano ha pagado las quinientas monedas, pero las autoridades locales se niegan a obedecer. Un tío de Simón Bolívar y los demás mantuanos del Cabildo declaran que la cédula (el dictamen) real es espantosa a los vecinos y naturales de América. El Cabildo pregunta al rey: ¿Cómo es posible que los vecinos y naturales blancos de esta provincia admitan a su lado a un mulato descendiente de sus propios esclavos o de los esclavos de sus padres?


(Tomado de Memoria de Fuego, Volumen 2: Las Caras y las Máscaras. Eduardo Galeano. Siglo Veintiuno editores. Versión digital. México: 2014.)


Bienvenida


Que tal amigos y amigas de Tres Cuentos, el podcast dedicado a las narrativas literarias de América Latina. La anécdota anterior se puede encontrar en el libro Caras y Máscaras: Memoria del Fuego, del uruguayo Eduardo Galeano.

*

En español, hay un viejo dicho, "La mona aunque se vista de seda, mona se queda". En otras palabras, nadie puede disimular sus orígenes humildes con ropa elegante. Por lo tanto, si usted no nació con el linaje incorrecto o sin sangre azul, sus modales (o algo en usted) hará que todos se den cuenta de quién usted no es.


Recuerdo que yo tenía cerca de 15 años, y mi mamá me había comprado un vestido de flores. Yo estaba feliz de estrenarlo, así que me lo puse para salir a hacer un mandado a la tienda. Cuando iba saliendo de la unidad residencial, se me acerca una mujer de unos 50 años y me pregunta si yo era una empleada del servicio que trabajaba en una de las casas. Me quedé tiesa, le dije que no y seguí mi camino.


Para aquella mujer yo debía ser de menor clase social, porque mi piel morena y mi vestido de flores era todo lo que ella necesitaba para inferir dicha observación. Para mí, fue el fin de ese vestido.


Durante la época colonial aquellos con poder vendían títulos nobiliarios a quienes pudieran comprarlos. Aquellos de menor posición pensaban que así podían ascender la escala social del sistema que los reprimía. El que había clasificado el mundo entre civilizado o bárbaro, hermoso versus feo, blanco o negro.


Hoy, continuamos nuestro viaje a través de la literatura afrodescendiente. Y con beneplácito abrimos nuestros corazones a las palabras honestas y dulces de la escritora ecuatoriana Luz Argentina Chiriboga.


Pueden encontrar el siguiente extracto en el libro Este mundo no es de las feas, publicado por la Editorial Libresa en Ecuador.


Chiriboga nos cuenta la historia de una mujer llamada Linda. Sin embargo, el nombre, en lugar de concederle a su portadora los atributos atractivos que sugiere el adjetivo linda, se convierte en una carga pesada. Una pesadilla que atormenta a su portadora, porque como sabemos, el mundo prefiere a las mujeres bellas.


Este mundo no es de las feas

(Fragmento)

Por Luz Argentina Chiriboga

Tomado con permiso de Este mundo no es de las feas. Luz Argentina Chiriboga Guerrero. 2006. Quito: Editorial Libresa, 103-11.





En casa todos decían que era necesario que yo fuera a visitar el psiquiatra, pues este facultativo estudia la organización de la personalidad humana. Que no tuviera temor, solo se trataba de interpretar unas manchas de tinta sin formas estructuradas, método utilizado por los griegos que daba buenos resultados.


El caso se presenta evidente. Los vecinos se reunían y empezaban a tejer los más variados comentarios. Cada uno sacaba conclusiones y motivos lógicos y luego aconsejaron a Luis, que desesperado no podía dormir, llevara a su heredera a donde el doctor Joaquín Robusto, un hijo de español que llegó invitado a sustentar conferencias en algunas provincias del país, quien al conocer a una colega mexicana que lucía con garbo su esbelta figura, se quedó y se casaron.


Mis padres, Luis Castañeda y Roxana Perea, me obligaron a seguir un tratamiento con dicho profesional, pues sentíame incorpórea, un ser abstracto, y advertía la sensación de estar siempre caminando por la cuerda floja o algo así, como si estuviera en lo alto de un precipicio. Estaba allí, en clase con mis libros y cuadernos, pero para los maestros y para mis condiscípulos era inexistente. Un punto amorfo, sin cuerpo, sin vida, la nadie. No estaba conforme con tener un nombre sugerente, válido para otro ser que no fuera yo, distinto a lo que era y representaba, no una Cleopatra con sus ojos de noche tierna o una Sofía Loren con aquella gracia divina, pero desde entonces comprendí la importancia del nombre.


Había heredado de algún pariente, o tal vez el cruce de mis padres no fue apropiado, o quizás mi madre se asustó cuando estuvo embarazada, o vio un mico en noche de menguante, o atravesó el bosque y el Bambero la espantó, que sé yo, o posiblemente, algún pariente me jugó una mala pasada, pues heredé una fealdad desprotegida, fealdad con efe mayúscula, causa de mis angustias y de mis desvelos.


Aún más grande al recordar que por la refinada sensibilidad de mi madre me llamó Linda, qué contraste, para no afirmar, un absurdo. Qué falta de asidero, del fundamental equilibrio, sin analizar por un momento detalle por detalle la hija que había traído al mundo. Un mundo tan complejo, tan difícil, en el que solo tenían cabida los normales. Si me miraban de frente o de perfil, desde cualquier ángulo, resaltaba mi fealdad.


En casa están intrigados y gastaban horas, semanas y meses pensando de dónde había heredado este terrible defecto, pero tarde se dieron cuenta de la equivocación, del grave error de haberme puesto un nombre tan brillante, Linda. Qué aval les di yo al nacer para llamarme con ese nombre tan fragante, tan fresco, porque eso y más es lo que sugiere Linda.

Como sucede siempre, idealizando, fundamentándose, hay otros valores, hay que ser optimistas, y ahora dicen que los grandes maestros levitan y abandonan el cuerpo, sea éste hermoso o feo. Papá, en cambio, me aconseja conformidad, resignación.


Cuando estaba en la cuna escuché las discusiones de mis padres al excogitar el nombre que llevaría de por vida y comencé a intrigarme. Mi padre dijo Rosa, entonces di un grito.

- Tranquila, mi pequeña.


Ya comenzaba a reconocer las modalidades, las normas, los resabios y las aberraciones del mundo. Para poder satisfacer las exigencias de la sociedad tendría que ser otra bebé, pues en este Planeta se rendía culto a la belleza y lo bello era blanco. Mi madre acudía a la creencia de que rociándome un poco de polvo y ocultando mi mancha del trasero, todo se solucionaría. No fue así.


La idea de escoger un nombre para mí se revitalizó y sentí un extraño miedo. Miedo que se fue agudizando al escuchar que llevaría el nombre de Bella, otra ingenuidad de mis padres. Lloré. ¡Qué iban a hacer! No pude precisar cuál de los dos dijo: se llamará Rosalinda.


Entonces pataleé con fuerza, arrojé los juguetes que estaban a mi alrededor. Mamá confundida, tuvo la sensación de que algo raro ocurría. Sentí la necesidad de refutarles, decirles que no cometieran tal error, pero no entendieron mis señales.


Si hubiera nacido normal, sin esa notoria fealdad, me hubiera sentido feliz de llamarme Rosalinda, Selva, Verano, Primavera, estaría cantando siempre. No había nada que me preocupara más que llevar un nombre desacorde con mi figura, era como acostumbrarme a una nueva forma de morir. De joven mis facciones causarían vértigo, me vi monstruosamente fea y tenía temor de enfrentar así la vida.


Mañana cuando otros amaneceres se posarán en la ventana de mi dormitorio, sufriría una severa crisis de contradicciones, de negación, porque las gentes no aceptan las personas diferentes a ellas. Estaba perdida, no tendría tranquilidad para el resto de mis años.

- Sí, te llamarás Linda.


Mamá se dio cuenta de mi cambio, repentinamente sufrí arrebatos, fiebre, grité tan fuerte, que se vino al suelo la lámpara del velador. Me llamaría Linda, esa fue la conclusión a la que llegaron, imaginaron heredaría la gracia de mi madre y la estatura de mi papá, pero se equivocaron. Heredé de un pariente, de un desconocido que venía marcándome los pasos y se había pasado la vida maldiciendo por no corresponder el equilibrio universal. Por ser raro, diferente, anatómicamente no armónico, intermedio no definido ni definitivo.


Era yo la que llevaría de por vida el nombre de Linda, arrastraba mi fealdad por los vericuetos de una lejana genealogía. Tal vez pacífico primate frugívoro y arborícola o de alguna sabandija.


Me quedo pensativa como si de repente me sumergiera en un submundo extraño, poblado de fantasmas, de formas desconocidas. ¿Cómo podré expresar mi libre albedrío si vengo marcada con esta herencia? ¿Cómo cambiar este código genético? ¿Existiría la posibilidad de salirme de los moldes?


Observaba a mi hermana con sus facciones delicadas, con sus mejillas rosadas y sus cabellos rubios. Ella debió, según los vecinos, llamarse Helena, por la de Troya o Dalila. ¿Qué diría ella al verme, así como soy: un renacuajo?


Desesperada, siento mi fealdad a flor de piel, en todos mis poros, es como si un insecto recorriera mi rostro, subiera a mis ojos y se quedara en mi nariz. En vano luchaba por ahuyentarlo, pues forma parte de mí misma. Lo había traído consigo, tal vez estuve destinada a ser una lagartija, una rana, un conejo, en el proceso de formación del nuevo individuo hay una asombrosa similitud, pero posteriormente, en el desarrollo, casi en el último instante, me hizo humana.


Quizás en el vientre de mi madre se introdujo por equivocación otro cuerpo que vino del más allá, desde el gran estallido o de los póngidos, en ese misterioso itinerario genético y se quedó a vivir con los humanos. Ahora me preguntaba ¿qué hacer con ese deseo o trampa que natura ideó para coyundar, si soy tan fea?

Creí mejor regresar y fingí estar enferma. No me moví, no quise comer y cuando mis padres notaron mi rostro demacrado, llamaron al médico. Recuerdo que estuvo junto a mí, vestía un traje blanco, me tomó el pulso y acariciándome susurró: Quédate en este mundo, no te regreses.


No es un sueño, pero me convertí en una experta en Sigmund Freud, en Rorschach, en Machover. El hijo del doctor Joaquín Robusto, Ricardo, un joven de ojos como la noche en menguante, me extendió unas láminas en negro y gris, con diferentes combinaciones de tonos y otras policromadas. El examinador satisfecho con mis respuestas fue mostrando su aceptación y confianza con mi forma de ser, y mientras repetía: soy linda, soy linda, él fue adaptándose a mi fealdad y yo fui llenando su soledad.


Comentarios


Esta historia me recuerda ese viejo dicho "La belleza está en los ojos del espectador". Para mí, el espectador es la cultura que usa una lente racial. Durante siglos, esa lente ha filtrado y dado forma a la idea de la belleza, suscribiéndola a lo que es puro, blanco y dócil.


Entonces, antes de sumergirnos en los cuentos y discursos que se hilaron y adaptaron para justificar la superioridad de la cultura blanca en Latinoamérica, les debo recordar que se subscriban al correo del podcast. Todo lo que deben hacer es ir a nuestro sitio web www.trescuentos.com.


Igualmente, si tienen un tema o un autor que le gustaría que consideremos para futuros programas, póngase en contacto con nosotros a través de nuestro sitio web.


Por último, si encuentran valor en lo que estamos haciendo en Tres Cuentos, apreciamos sus comentarios positivos en iTunes y por supuesto por favor compartan los episodios con quien necesite una dosis de literatura, historia o realidad.

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Luz Argentina Chiriboga es una de las principales escritoras afrodescendientes de Ecuador. Su alcance literario incluye narrativas, ensayos, novelas y poesía. En ellas refleja sus intereses como "genealogista, lingüista, ambientalista y activista de derechos humanos de las mujeres y de la cultura afrolatina". (Citado del sitio web Ecuador Fiction)


El trabajo de Luz Argentina Chiriboga explora la identidad racial y sexual en una cultura patriarcal, religiosa y racista, y profundiza en temas tabú como el control de la natalidad, la violencia doméstica, la homosexualidad y la autonomía sexual femenina. Algunos de sus libros han sido traducidos al inglés, francés e italiano. Así que, les recomiendo les den una leída.


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Hay mucho que podríamos decir acerca idea de la belleza está determinada por la cultura, el espectador, algo de dinero y la globalización. Los medios de comunicación y los influencers han modelado en nuestras mentes lo que es aceptable, deseable y que ha de considerarse normal.


Pero la pregunta persiste, ¿de dónde viene la idea de la belleza? ¿Y cómo una historia se convirtió en la versión estándar aceptada durante siglos?


Para abordar la construcción temprana de la idea de la belleza en el imaginario hispano, debemos referirnos a un artículo escrito por la académica María Eugenia Chávez, "Color, Inferioridad y Esclavización".


De la clase de historia, aprendimos que el concepto de raza, su clasificación y sus efectos en las minorías datan de finales del siglo XVIII. Sin embargo, Chávez da pruebas de que la atroz idea de la raza se remonta atrás en el tiempo.


Para la mayoría de los creyentes cristianos, los humanos provienen de Adán. Sin embargo, para los primeros padres cristianos, hubo otra interpretación. Una que explicaba con más detalle el origen del pueblo africano.


La leyenda dice que hay un pasaje oscuro en el Antiguo Testamento donde Cham, el tercer hijo de Noé, un día se rio de su padre quien estaba borracho y desnudo. Sus hermanos mayores Seth y Jafet cubrieron la desnudez de su padre. En consecuencia, la burla de Cham fue severamente castigada con una maldición. Él y sus descendientes fueron condenados a la servidumbre como esclavos de los descendientes de sus hermanos.


A esto, tengo que decir, pero que tan manera horrible de corregir a un hijo. Además, ¿por qué esta el padre borracho? ¿No se supone que los padres deben dar un buen ejemplo? Bueno, me alegro de que ya no vivamos en tiempos tan horribles.


Pero continuemos con esta retorcida historia. La académica María Eugenia Chávez nos cuenta que "la historia bíblica no hace referencia al color como un signo de la maldición. Son las interpretaciones patrísticas las que establecen esta relación de significación como una estrategia discursiva para justificar la diferencia y fundamentar la subalternidad de los pueblos africanos".


El mito judío fundacional entonces establece una división del mundo en tres partes. Seth y Jafet, respectivamente se quedaron con Europa y Asia, y Cham con África y la península arábiga.


Tengan en cuenta que, en el cuento original, la maldición sólo incluye el castigo de la servidumbre. No se menciona el oscurecimiento de las pieles de los descendientes de Cham. Sin embargo, durante unos mil años este último detalle comenzó a condimentar el relato que los intérpretes religiosos compartían entre sí y con sus feligreses.


Uno de esos intérpretes religiosos que avaló el detalle añadido del oscurecimiento de la piel fue el jesuita Alonso de Sandoval. Este hombre vivió la mayor parte de su vida en Cartagena de Indias (Colombia), evangelizando a africanos esclavizados que llegaban al puerto. En 1627, Sandoval escribió lo siguiente:


"Para entender la mayor dificultad […] que se halla en la especie humana entre los etíopes y demás Reinos de negros, es necesario saber la causa de la generación de los monstruos y su principio. Para lo cual digo, que el principio de esto solo consiste […] en no alcanzar [la] naturaleza su perfecto fin, que es engendrar cada uno su semejante, porque no alcanzándola, es monstruo lo que se engendra, según aquella parte en que se diferencia de su principio […] Y así es más conforme a razón decir que monstruo no es otra cosa, sino un pecado de naturaleza".


Pero la retorcida diatriba, se adentra aún más en lo divino y asegura que "el color negro proviene de la voluntad de Dios -que pretendió esta variedad, - o de las particulares calidades, que esta gente en sí misma tiene intrínsecas".


Más tarde Sandoval continúa,


"Es pues mi parecer, y sentencia en cuestión tan alterada, que la tez negra en todas, naciones prietas, no provino tan solamente de la maldición que Noé echó a su nieto Chanaan […] sino también de una calidad predominante, innata, e intrínseca, con que crio Dios a Cham, que fue un excesivo calor, para que los hijos que engendrase saliesen con este tizne, y como marca de que descendían de un hombre que se había de burlar de su padre con tanto atrevimiento; y así dispuso que en la materia seminal de su primogénito Chuz, y no en la de otros, hubiese tal temperamento de las primeras cualidades, cual era menester parar que de ellas resultase aquella cualidad segunda de negrura […] Lo cual a su modo se puede entender en los negros que traen su origen de Cham; que fue el primer siervo y esclavo que hubo en el mundo […] en quien estaba este calor intrínseco para con el tiznar a sus hijos y descendientes. Y con reparo que aquel color negro que entonces hacia variedad y causaba hermosura se convirtió en mancha".


Así, a partir de las reinterpretaciones de una vieja historia, algunos eruditos religiosos llegaron a una conclusión descabellada y atroz que, por desgracia, todavía impregna la mentalidad de muchos.


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Sin embargo, no crucifiquemos a Sandoval. Porque él se inspiró en las obras de otro jesuita llamado José de Acosta. Este hombre sirvió al gobierno colonial durante el siglo XVI y dedicó su trabajo a explicar el origen y la naturaleza de los nativos americanos y sus sociedades.


Básicamente, dividió el mundo entre blancos-europeos y bárbaros. Ahora, como los blancos-europeos no necesitaban categorización, todos eran buenos; los llamados barbaros fueron clasificados en el siguiente orden. Primero, los chinos y japoneses, seguidos por peruanos (incas), mexicanos (aztecas) y chilenos; por último, los salvajes que se asemejaban a las bestias.


María Eugenia Chávez nos cuenta que al jesuita Acosta se le atribuye la introducción de "la variable del color, como signo visible de inferioridad natural e inmutable".


Refiriéndose a los nativos americanos, en 1589, Acosta los compara con los descendientes bíblicos de Cham. Según el jesuita, los nativos eran una nación "perversa, de una malicia natural y cuyo pensamiento no podía transformarse porque era una simiente maldita desde el principio".


Aquí les va una de las citas de Acosta sobre el tema, "Hay, pues, gentes imbuidas en una malicia ingénita y como hereditaria, cuyo pensamiento es tan rebelde, y está tan hundido en la maldad, que será muy dificultoso arrancarlo de ella. Como no puede el etíope cambiar el color de su piel, o el leopardo sus manchas multicolores, así tampoco podéis vosotros hacer el bien, estando enseñados a hacer el mal. […] Esta es, pues la primera causa y la principal que puede traerse de que en estas regiones con mucho trabajo no se pueda esperar gran fruto, porque son simiente maldita, destituida del divino auxilio y destinada a la perdición".


Me pregunto si la vieja frase malicia indígena, proviene de aquellos tiempos.


A pesar de la enorme y tediosa obra que Acosta dice que tiene por delante, el señor persevera en su intención de evangelizar a los pueblos del llamado Nuevo Mundo. Para Acosta y más tarde su seguidor Sandoval, la salvación es necesaria para rescatar a los nativos y a los esclavos africanos del peligroso destino al que la naturaleza los ha condenado, que se exhibe profundamente en su poco entendimiento, su apetito voraz y su herejía.


Ambos hombres llegaron a la conclusión de que la única manera de que estas naciones aspiraran a cualquier redención era a través de la fe cristiana. Mientras tanto, estas personas inferiores tenían que someterse a la autoridad de aquellos que entendían la fe, la palabra y la fuerza del dios verdadero. Sandoval enfatiza explícitamente que los africanos debían aceptar su servidumbre con humildad y obediencia, y aceptar su doloroso destino como un mal necesario.


*

Un cuento popular español llamado "La Reina Mora" cuenta la historia de un joven que un día sale a buscar su fortuna y encuentra una hermosa princesa blanca y delicada. Después de darle a la chica de sus sueños un poco de pan y agua, el joven se da cuenta de que no puede hacerla caminar de regreso a su casa porque ella esta desnuda. Así que le pide que le espere mientras el regresa con un vestido y un caballo. Ella lo espera sentada en la rama de un árbol.


Cuando el hombre se va, pronto viene una mora, una mujer de piel oscura, refiriéndose a los moros o musulmanes. La mujer es una sirvienta, o una gitana, dependiendo de la versión. La mora llega al lago, río o fuente que esta debajo del árbol donde la bonita joven espera a su amado.


La mujer de piel oscura se arrodilla para llenar su cántaro de agua y, al ver en el reflejo del agua a una blanca y bonita joven, se da cuenta de quién está en el árbol. La joven le dice a la mujer que está esperando a su amado.


La historia cuenta que la mora se pone celosa y, como ella es una hechicera, convierte a la dulce jovencilla en una paloma blanca y toma su lugar sentada en el árbol. A partir de allí, la historia continúa, y ya se puede imaginar el destino de la mujer de piel oscura cuando la verdad sale a la luz.


Consideremos por un momento el impacto que esta historia, que ha sido contada en España y en toda Latinoamérica, puede haber tenido en sus audiencias.


Un cuento tan aparentemente inofensivo como este, junto con otros discursos polarizadores y prácticas discriminatorias, encontraron tierra fértil en las ideas del renacimiento español.


Durante este tiempo, el mundo se dividió entre civil y bárbaro, negro y blanco, Europa y los demás, salvadores y condenados, dominadores y dominados. Curiosamente hoy día, en muchos sentidos, parece que nos estamos remontamos a aquellos no tan buenos viejos tiempos.


La historiadora María Eugenia Chávez nos cuenta que "durante los siglos siguientes del desarrollo colonial, las identidades del mestizaje fueron afectadas profundamente por estos discursos. Tanto en la legislación como en las relaciones sociales se apuntó a reproducir estas formas de diferenciación y a reprimir a la población que se consideraba subalterna".


Y una vez más, tenemos a otro miembro del clero (o bonzo como Machado de Assis los llama) añadiendo su pensamiento político al discurso racista. Nada más que Juan Solórzano y Pereyra, también jesuita y contemporáneo de los otros religiosos que mencioné anteriormente.


En su tratado Indiarum iuresiue, publicado en 1647, Solórzano y Pereyra divide a los habitantes del mundo, según su medida de civilidad. A continuación, les leeré lo que el señor dijo respecto al mestizaje.


"Tomaron el nombre de mestizos por la mixtura de sangre y naciones que se juntó al engendrarlos [...] Y los mulatos, aunque también por la misma razón se comprenden en el nombre general de mestizos, tomaron este en particular cuando son hijos de negra y hombre blanco, o al revés, por tenerse esta mezcla por más fea y extraordinaria, y dar a entender con tal nombre que le comparan a la naturaleza del mulo. Lo más ordinario es que nacen del adulterio o de otros ilícitos y punibles ayuntamientos, porque pocos españoles de honra hay que se casen con india o negra".


Como vemos, los mestizos fueron considerados un producto de relaciones pecaminosas, que representaban de por si depravación e impureza. Así que fueron llamados "Mancha de color vario".


A este punto del episodio debo recomendarles el libro del comediante Trevor Noa, Prohibido nacer: Memorias de racismo, rabia y risa, que habla de sus memorias como un niño de raza mixta en Sudáfrica.


*

Sin embargo, antes de concluir que el ataque al mestizaje tiene sus raíces en la época colonial, la académica María Eugenia Chávez indica lo contrario. "La llamada mancha de color evolucionó a partir de los discursos de pureza de sangreque aparecieron en la Península Ibérica debido a los movimientos cristianos basados en la fe de la reconquista".


Chávez explica que "junto a la guerra de expulsión de las comunidades árabes afincadas en la Península por siete siglos se construye un nuevo discurso para mantener identidades diferenciadas y justificar el dominio cristiano".


Este nuevo discurso fue la pureza de la sangre, y su contraparte era la mancha de color. Esta última se desarrolló en una categorización bastante intrincada. Chavéz indica que "desde temprano en la Colonia, [hubo] la necesidad de diferenciar entre los mestizos que descendían de africanos, y aquellos que no".


Entre más africanos llegaron a Hispanoamérica, y la mezcla racial parecía imparable, se utilizaron más adjetivos para diferenciar a los individuos que caían bajo la mancha de color.


Se introdujeron términos como zambo, mulato, coyote, lobopara indicar la clase de personas de color. En caso de que no se la hayan pillado, estos nombres se refieren a cualidades animales.


Chávez menciona que en la Real Academia de la Lengua Española el término Zambo se definió de la siguiente manera: "animal silvestre y disforme, que se creía en algunos parajes de la América [...] su piel de vario colorido [...] Es tan horrible, que a primera vista espanta a quien no le conoce".


En contraste, en el siglo XVIII, la Real Academia de la Lengua Española define el color blanco de la siguiente manera: "Hombre y mujer blancos es lo mismo que persona honorada, noble, de calidad conocidas: porque como los negros, mulatos, berberiscos (refiriéndose a los musulmanes) y otras gentes que entre nosotros son tenidas por baladíes (poco importantes) y despreciables carecen regularmente de color blanco, que tienen casi siempre los europeos: el ser hombre blanco o mujer blanca se tiene como por una prerrogativa de la naturaleza, que califica de bien nacidos a los que la poseen".


*

En mi juventud, escuché la expresión "mejorar laraza", lo que implica que la gente debe casarse con aquellos que pueden blanquear el color de la familia. Por lo tanto, era inconcebible salir con una persona negra, no importa lo inteligente, encantador(a) que pudiera ser. Su opuesto y blanco era infinitamente mejor porque todo se reduce a la reputación.


María Eugenia Chávez nos cuenta que "el mestizaje representaba un elemento perturbador para el orden colonial". Porque implicaba la convivencia de dos repúblicas separadas, la de los españoles y los indios.


Observen que no hay mención de los esclavos africanos, dado no eran considerados una cultura. En cambio, estaban subordinados al dominio blanco-español y debían mantenerse alejados de los nativos.


Sin embargo, desde el principio, el ideal de la estructura colonial fracasó, y el mestizaje fue aceptado a regañadientes como una consecuencia indeseable.


Chávez continúa diciendo que "las identidades del mestizaje en que no intervenía el elemento europeo -blanco empezaron a ser definidas con la expresión general de castas de color incierto".


Un dato interesante, durante los siglos XII y XIII, cuando en la Península Ibérica coexistía musulmanes, judíos y cristianos, el término casta se utilizaba para designar grupos de cristianos. Significando que no se mezclaban con los demás, implicando una ausencia de mezcla, y más tarde buen linaje.


Volviendo a las ideas poco iluminadoras del siglo XVIII, es durante este tiempo que se produjo un sistema estricto que clasificaba la mezcla de razas. A partir de ahí también comenzó un discurso de blanqueamiento que buscaba la redención, y denunciaba la degeneración y ennegrecimiento de las sociedades.


Ahora les leeré uno de los sistemas de castas esbozados en México en 1715.

1. El español y la India producen mestizo.

2. El español y la mestiza producen castizo.

3. Castizo y la mujer española producen español. ("Se mejoró la raza")

4. El español y la mujer negra producen mulato.

5. El español y la mulata producen morisco.

6. Español y morisca producen albino.

7. Mulato y mestiza producen mulato torna atrás ("…una degradación")

8. Negro e India producen lobo.

9. Indio y loba producen grifo.

10. Lobo e India producen lobo torna atrás ("…un sutil mejoramiento de la raza").

11. Mestizo e India produce coyote.


Y hay muchas más categorías dependiendo de la década y el país latinoamericano, cada una más absurda que la anterior. Lo triste es que todavía hay muchas personas que utilizan algunos de estos términos ofensivos en la vida cotidiana.


En conversación con los mayores, a veces se escapa el comentario acerca del bisabuelo que tuvo un supuesto romance con alguien de color. Y, para alivio de sus descendientes, la mancha ya no se muestra.


Chávez finaliza su artículo, diciéndonos que durante el mismo siglo XVIII naturalistas y filósofos como el sueco Carl von Linneo, el francés George Louis Leclerc, y el alemán Immanuel Kant", desarrollaban un metalenguaje para explicar la existencia de características intrínsecas que justificaban las diferencias de los seres humanos".


El nuevo sistema pretendía establecer una jerarquía entre primitivo y desarrollado. Un sistema que evolucionó, y hasta las últimas décadas clasificó al mundo como "países del tercer mundo" y "países del primer mundo". Hoy lo llamaban "países desarrollados" y "países en desarrollo".


No alcanzo a cuantificar las veces que he oído a la gente usar el término "países no desarrollados", y ver cómo su pecho se levanta con orgullo porque no viven allí. Me parece ofensivo y poco realista.


A eso, digo, aplíquense una dosis de realidad, caminen por su vecindario, conozcan a las personas sin hogar que deambulan en su ciudad, o visite una comunidad empobrecida en su condado. Sabrán entonces que lo "no desarrollado" no está muy lejos. Está justo aquí.


Esos discursos antagónicos de siglos atrás fueron diseñados por aquellos en el poder para justificar su brutal y atroz dominación.


Y con este llamado a reflexionar sobre cómo nuestro pensamiento y nuestros discursos todavía pueden reflejar los no tan buenos-viejos tiempos, terminamos el episodio de hoy.


Les dejo con un poema de la autora ecuatoriana Luz Argentina Chiriboga.


RETORNO

Silenciosas huellas

que se nos enredan en el canto,

vienen pegadas de la especie.


Lejanos ojos del ayer,

desenterrados,

atisban nuestros pasos,

extienden sus imágenes

y vuelven al presente.


No importa la distancia,

la sangre rastrea signos,

testimonios,

destinos,

en los que,

sonriente,

reaparece el ancestro.


Por los huesos navegan

ángeles y espectros

que al son de clarines y tambores

declaman sus mensajes.


Bisabuelos y abuelos

que de repente hablan,

gesticulan,

embargan nuestro cuerpo.


Enigmas que descienden

a profundidades,

susurran el mensaje

universal del A.D.N.,

crean y descrean panoramas

y se asoman a las rendijas del futuro.


Duendes que abren

y cierran puertas

y dan brazadas en el aire

para aposentarse después

en nuestras vidas.


Debajo de la piel

nos surgen miedos

y júbilos que buscan otro yo.


Adiós


Y siguiendo los ecos de los antepasados, concluimos el episodio de hoy. Volveremos en dos semanas con la sensual y aromática literatura de una de las voces femeninas más fuertes de Puerto Rico, Mayra Santos Febres. ¡Así que prepárense! El próximo episodio compartiremos uno de mis cuentos favoritos escritos por Febres, y la tendremos en el programa compartiendo con nosotros su experiencia, sabiduría y poesía.

Hasta el siguiente cuento, adiós, adiós.


Bibliografía


· Este mundo no es de las feas. Luz Argentina Chiriboga Guerrero. 2006. Quito: Editorial Libresa.

· The Afro Hispanic Reader and Anthology, edited by Paulette A. Ramsay and Antonio D. Tillis. Copyright © 2018. Ian Randle Publishers. Jamaica.

· Memoria de Fuego, Volumen 2: Las Caras y las Máscaras. Eduardo Galeano. Siglo Veintiuno editores. Versión digital. México: 2014.)

· “Color, Inferioridad y Esclavización: la invención de la diferencia en los discursos de la colonialidad temprana”. María Eugenia Chávez. URL: https://repositorio.unal.edu.co/bitstream/handle/unal/2862/02CAPI01.pdf?sequence=32&isAllowed=y

· Página web: Ecuador Fiction. URL: https://ecuadorfiction.com/luz-argentina-chiriboga

· Blog: Paralelo Cero 2011, URL: https://paralelocero2011.blogspot.com/p/argentina-chiriboga.html


Créditos


The Darkest Path - Jeremy Korpas

Pablo - The Mini Vandals

Sleeping Sheep - The Green Orbs

Web Weaver's Dance - Asher Fulero

Kindergarden - Coyote Hearing

Sarabande - Joel Cummins

First Class - DJ Williams

Impertinence - Joel Cummins

Melodie Victoria by Kevin MacLeod is licensed under a Creative Commons Attribution 4.0 license. https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/

Source: http://incompetech.com/music/royalty-free/index.html?isrc=USUAN1100819

Artist: http://incompetech.com/

Industrial Music Box by Kevin MacLeod is licensed under a Creative Commons Attribution 4.0 license. https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/

Source: http://incompetech.com/music/royalty-free/index.html?isrc=USUAN1100812

Artist: http://incompetech.com/

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