• Carolina Quiroga-Stultz

52 - Programa Especial


La española Emilia Pardo Bazán nos cuenta la historia de una mujer quien presuntamente muerta, despierta y con afán regresa a su casa. Pero su familia reacciona contrario a lo que ella esperaba.

En los comentarios hablamos acerca de la posibilidad de que alguien regrese de entre los muertos, las últimas noticias del programa y cerramos con la biografía de la autora de hoy.


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Este episodio de Tres Cuentos Podcast fue producido con el apoyo de PRX y el Programa de Creadores de Podcasts de Google.

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Primer cuento


Parte 1


Es el caso que Abréu, como todos los que a los cuarenta años se vuelven severos moralistas, tuvo una juventud divertida y agitada. Alifafes y dolamas le llamaron al orden, y entonces acordó casarse, como el que acuerda mudarse a un piso más sano.


Encontró a aquella muchacha, Clotildita, que era mona, bien educada y sin posición ninguna, y los padres se la dieron gustosos, porque Abréu, provisto de buenas aldabas, siempre tuvo colocaciones excelentes.


Se casaron, y la mañana siguiente a la boda, al despertar la novia, en el asombro del cambio de su destino, oyó que el novio, entre imperioso y sonriente, mandaba:


-Clotilde mía..., levántate.


Hízolo así la muchacha, sin darse cuenta del porqué; y al punto el esposo, con mayor imperio, ordenó:

-¡Ahora..., ponte mis pantalones!


Atónita, sin creer lo que oía, la niña optó por sonreír a su vez, imaginando que se trataba de una broma de luna de miel..., broma algo chocante, algo inconveniente...; pero ¿quién sabe? ¿Sería moda entre novios?...


-¿Has oído? -repitió él-. ¡Ponte mis pantalones! ¡Ahora mismo, hija mía!


Confusa, avergonzada, y ya con más ganas de llorar que de reír, Clotilde obedeció lo mejor que pudo. ¡Obedecer es ley!


-Siéntate ahora ahí -dispuso nuevamente el marido, solemne y grave de pronto, señalando a una butaca.


Y así que la empantalonada niña se dejó caer en ella, el esposo pronunció-: He querido que te pongas los pantalones en este momento señalado para que sepas, querida Clotilde, que en toda tu vida volverás a ponértelos. Que los he de llevar yo, Dios mediante, a cada hora y cada día, todo el tiempo que dure nuestra unión, y ojalá sea muchos años, en santa paz, amén. Ya lo sabes. Puedes quitártelos.


(Extracto del cuento corto “Feminista,” por Emilia Pardo-Bazán. URL: https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/feminista--0/html/ffb54d56-82b1-11df-acc7-002185ce6064_2.html)


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Bienvenida


¡Hola! Estimadas y estimados oyentes de Tres Cuentos, el podcast bilingüe dedicado a las narrativas literarias, históricas y tradicionales de Latino América. Soy Carolina Quiroga-Stultz, y hoy le damos la bienvenida a una mujer que a través de su escritura hizo mucho por el mundo hispano, Emilia Pardo Bazán.


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El fragmento presentado en la introducción hace parte de una historia llamada "Feminista" escrita por la autora de hoy. Si desean enterarse cómo acaba el cuento han de quedarse hasta el final del programa donde revelaremos el desenlace.


A medida que nos acercábamos a marzo, pensaba que quería mostrar a una mujer que hubiera dejado una marca en la historia. Y pensé que había ganado la lotería cuando leí acerca de la vida de Emilia Pardo-Bazán. Una mujer que a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, se mantuvo firme a pesar de las fuertes críticas recibidas por el mundo intelectual y literario masculino.


En el caso del episodio de hoy, mi suerte fue doble. No solo encontré el cuento de hoy traducido al inglés, sino que me concedieron el permiso para reproducirlo casi de inmediato. Confieso que siempre tengo un poco de aprensión a la hora de pedir permisos. Muchas veces, debo ejercitar mi paciencia y esperar días o semanas para obtener una respuesta. Esta vez, el permiso regresó literalmente 12 horas después de que envié la solicitud.

Para aquellos que quieran practicar su inglés pueden encontrar la traducción hecha por Margaret Jull Costa en el episodio gemelo llamado “The woman who came back to life”.

El cuento de hoy "La resucitada", lo pueden encontrar en diferentes antologías o páginas web. Por si les da curiosidad, les dejaré los enlaces en la transcripción.


Por último, después del cuento les compartiré más sobre lo que sucederá con el programa este año.


Una mujer presuntamente muerta, despierta y con afán regresa a su casa. Pero su familia reacciona contrario a lo que ella esperaba.




La resucitada

Por Emilia Pardo Bazán


Ardían los cuatro blandones soltando gotazas de cera. Un murciélago, descolgándose de la bóveda, empezaba a describir torpes curvas en el aire. Una forma negruzca, breve, se deslizó al ras de las losas y trepó con sombría cautela por un pliegue del paño mortuorio. En el mismo instante abrió los ojos Dorotea de Guevara, yacente en el túmulo.


Bien sabía que no estaba muerta; pero un velo de plomo, un candado de bronce le impedían ver y hablar. Oía, eso sí, y percibía -como se percibe entre sueños- lo que con ella hicieron al lavarla y amortajarla. Escuchó los gemidos de su esposo, y sintió lágrimas de sus hijos en sus mejillas blancas y yertas. Y ahora, en la soledad de la iglesia cerrada, recobraba el sentido, y le sobrecogía mayor espanto. No era pesadilla, sino realidad. Allí el féretro, allí los cirios…, y ella misma envuelta en el blanco sudario, al pecho el escapulario de la Merced.


Incorporada ya, la alegría de existir se sobrepuso a todo. Vivía. ¡Qué bueno es vivir, revivir, no caer en el pozo oscuro! En vez de ser bajada al amanecer, en hombros de criados a la cripta, volvería a su dulce hogar, y oiría el clamoreo regocijado de los que la amaban y ahora la lloraban sin consuelo. La idea deliciosa de la dicha que iba a llevar a la casa hizo latir su corazón, todavía debilitado por el síncope. Sacó las piernas del ataúd, brincó al suelo, y con la rapidez suprema de los momentos críticos combinó su plan. Llamar, pedir auxilio a tales horas sería inútil. Y de esperar el amanecer en la iglesia solitaria, no era capaz; en la penumbra de la nave creía que asomaban caras fisgonas de espectros y sonaban dolientes quejumbres de ánimas en pena… Tenía otro recurso: salir por la capilla del Cristo.


Era suya: pertenecía a su familia en patronato. Dorotea alumbraba perpetuamente, con rica lámpara de plata, a la santa imagen de Nuestro Señor de la Penitencia. Bajo la capilla se cobijaba la cripta, enterramiento de los Guevara Benavides. La alta reja se columbraba a la izquierda, afiligranada, tocada a trechos de oro rojizo, rancio. Dorotea elevó desde su alma una deprecación fervorosa al Cristo. ¡Señor! ¡Que encontrase puestas las llaves! Y las palpó: allí colgaban las tres, el manojo; la de la propia verja, la de la cripta, a la cual se descendía por un caracol dentro del muro, y la tercera llave, que abría la portezuela oculta entre las tallas del retablo y daba a estrecha calleja, donde erguía su fachada infanzona el caserón de Guevara, flanqueado de torreones. Por la puerta excusada entraban los Guevara a oír misa en su capilla, sin cruzar la nave. Dorotea abrió, empujó… Estaba fuera de la iglesia, estaba libre.


Diez pasos hasta su morada… El palacio se alzaba silencioso, grave, como un enigma. Dorotea cogió el aldabón trémula, cual si fuese una mendiga que pide hospitalidad en una hora de desamparo. «¿Esta casa es mi casa, en efecto?», pensó, al secundar al aldabonazo firme… Al tercero, se oyó ruido dentro de la vivienda muda y solemne, envuelta en su recogimiento como en larga faldamenta de luto. Y resonó la voz de Pedralvar, el escudero, que refunfuñaba:


- ¿Quién? ¿Quién llama a estas horas, que comido le vea yo de perros?


-Abre, Pedralvar, por tu vida… ¡Soy tu señora, soy doña Dorotea de Guevara!… ¡Abre presto!…


-Váyase enhoramala el borracho… ¡Si salgo, a fe que lo ensarto!…


-Soy doña Dorotea… Abre… ¿No me conoces en el habla?


Un reniego, enronquecido por el miedo, contestó nuevamente. En vez de abrir, Pedralvar subía la escalera otra vez. La resucitada pegó dos aldabonazos más. La austera casa pareció reanimarse; el terror del escudero corrió al través de ella como un escalofrío por un espinazo. Insistía el aldabón, y en el portal se escucharon taconazos, corridas y cuchicheos. Rechinó, al fin, el claveteado portón entreabriendo sus dos hojas, y un chillido agudo salió de la boca sonrosada de la doncella Lucigüela, que elevaba un candelabro de plata con vela encendida, y lo dejó caer de golpe; se había encarado con su señora, la difunta, arrastrando la mortaja y mirándola de hito en hito…


Pasado algún tiempo, recordaba Dorotea -ya vestida de acuchillado terciopelo genovés, trenzada la crencha con perlas y sentada en un sillón de almohadones, al pie del ventanal-, que también Enrique de Guevara, su esposo, chilló al reconocerla; chilló y retrocedió. No era de gozo el chillido, sino de espanto… De espanto, sí; la resucitada no lo podía dudar. Pues acaso sus hijos, doña Clara, de once años; don Félix de nueve, ¿no habían llorado de puro susto cuando vieron a su madre que retornaba de la sepultura? Y con llanto más afligido, más congojoso que el derramado al punto en que se la llevaban… ¡Ella que creía ser recibida entre exclamaciones de intensa felicidad! Cierto que días después se celebró una función solemnísima en acción de gracias; cierto que se dio un fastuoso convite a los parientes y allegados; cierto, en suma, que los Guevaras hicieron cuanto cabe hacer para demostrar satisfacción por el singular e impensado suceso que les devolvía a la esposa y a la madre… Pero doña Dorotea, apoyado el codo en la repisa del ventanal y la mejilla en la mano, pensaba en otras cosas.


Desde su vuelta al palacio, disimuladamente, todos le huían. Dijérase que el soplo frío de la huesa, el hálito glacial de la cripta, flotaba alrededor de su cuerpo. Mientras comía, notaba que la mirada de los servidores, la de sus hijos, se desviaba oblicuamente de sus manos pálidas, y que cuando acercaba a sus labios secos la copa del vino, los muchachos se estremecían. ¿Acaso no les parecía natural que comiese y bebiese la gente del otro mundo? Y doña Dorotea venía de ese país misterioso que los niños sospechan aunque no lo conozcan… Si las pálidas manos maternales intentaban jugar con los bucles rubios de don Félix, el chiquillo se desviaba, descolorido él a su vez, con el gesto del que evita un contacto que le cuaja la sangre. Y a la hora medrosa del anochecer, cuando parecen oscilar las largas figuras de las tapicerías, si Dorotea se cruzaba con doña Clara en el comedor del patio, la criatura, despavorida, huía al modo con que se huye de una maldita aparición…


Por su parte, el esposo -guardando a Dorotea tanto respeto y reverencia que ponía maravilla-, no había vuelto a rodearle el fuerte brazo a la cintura… En vano la resucitada tocaba de arrebol sus mejillas, mezclaba a sus trenzas cintas y aljófares y vertía sobre su corpiño pomitos de esencias de Oriente. Al trasluz del colorete se transparentaba la amarillez cérea; alrededor del rostro persistía la forma de la toca funeral, y entre los perfumes sobresalía el vaho húmedo de los panteones. Hubo un momento en que la resucitada hizo a su esposo lícita caricia; quería saber si sería rechazada. Don Enrique se dejó abrazar pasivamente; pero en sus ojos, negros y dilatados por el horror que a pesar suyo se asomaba a las ventanas del espíritu; en aquellos ojos un tiempo galanes atrevidos y lujuriosos, leyó Dorotea una frase que zumbaba dentro de su cerebro, ya invadido por rachas de demencia.


-De donde tú has vuelto no se vuelve…


Y tomó bien sus precauciones. El propósito debía realizarse por tal manera, que nunca se supiese nada; secreto eterno. Se procuró el manojo de llaves de la capilla y mandó fabricar otras iguales a un mozo herrero que partía con el tercio a Flandes al día siguiente.

Ya en poder de Dorotea las llaves de su sepulcro, salió una tarde sin ser vista, cubierta con un manto; se entró en la iglesia por la portezuela, se escondió en la capilla de Cristo, y al retirarse el sacristán cerrando el templo, Dorotea bajó lentamente a la cripta, alumbrándose con un cirio prendido en la lámpara; abrió la mohosa puerta, cerró por dentro, y se tendió, apagando antes el cirio con el pie…


FIN


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Comentario


Muy bien, volvamos a la tierra de los que todavía comen y bailan. Ahora, imaginemos que alguien que conocen que ha fallecido regresa de la tumba. ¿Cómo reaccionarían? ¿Le abrazarían y le dirían cuánto le han extrañado y continuarían con su vida como si nada hubiera pasado? ¿O se aterrarían y terminarían preguntándose qué le ha sucedido al orden natural del universo?


Lo curioso es que alguien ya exploró estas preguntas en un programa de televisión. Si aún no la han visto, les recomiendo la serie australiana Glitch en Netflix. Para no revelar la trama, todo lo que puedo decir es que algunas de las reacciones que los vivos tuvieron hacia los muertos fueron bastante sorprendentes.


El cuento de Emilia Pardo Bazán "La resucitada" me recuerda un par de cosas. La primera, aquellos con trastornos de estrés postraumático debido a una guerra u otro trauma significativo. Muchas veces su recuperación es tan dramática, que parece como si hubieran regresado de entre los muertos, porque apenas si pueden reconectarse con sus seres queridos. A veces, es difícil para sus familias y amigos comprender los horrores por los que ha pasado aquel que regresó. Y otras veces, el paciente se siente completamente fuera de lugar en su antiguo mundo: o lo que llamaríamos el mundo de los vivos.


Lo segundo que la historia me recuerda en un nivel más profundo es la apoteosis. Permítanme explicar. En las 17 etapas del viaje del héroe de Joseph Campbell, la apoteosis es la etapa en la que alguien pasa por una muerte física o espiritual. Entonces él o ella trasciende más allá de este par de opuestos a un estado de conocimiento divino.

En la mayoría de los casos, cuando el héroe o la heroína regresa de una muerte literal o metafórica, él o ella es visto como un sabio(a), un(a) nuevo líder del pueblo o un paria. Esto último realmente depende de cómo la comunidad esté dispuesta a adoptar la nueva perspectiva que trae aquel que regresó.


En el cuento de hoy, el personaje principal interpreta en la reacción de su esposo un pensamiento: " De donde tú has vuelto no se vuelve…" Entonces, en lugar de tratar de comenzar de nuevo en otro lugar, la protagonista simplemente se abandona a su antiguo estado, la muerte.


Esto me recuerda a aquel o aquella que ha seguido las normas culturales al dedillo, hasta que un día despierta y se atreve a cuestionar lo que ha sido normalizado durante tanto tiempo. La mayoría de las veces, este comportamiento es mal visto. En consecuencia, la persona acaba con dos opciones, huir o evadir esos sentimientos y dudas y reprimirlos. Esta última opción conduce típicamente a la depresión, o es la semilla para un futuro monstruo.


Sin embargo, puede haber otra posible explicación. En la biografía de la autora de hoy, encontramos que el esposo de Emilia le pidió que dejara de escribir después de un gran escándalo literario. Su esposo pensó que nadie regresa de ser condenado al ostracismo social, especialmente una mujer. Lamentablemente, incluso hoy en día ese sigue siendo el caso. En muchas culturas, los excesos de los hombres son tolerados y tratados como transgresiones menores e insignificantes. El dicho "es que así son los hombres" sigue siendo como una mala receta de cocina. Pienso que es hora de retirar esa frase de circulación, porque hace más daño que bien. Por una parte, no deja que los hombres decidan por su cuenta cómo quieren ser, sino que se dejen amoldar por la cultura que aparentemente les exige que sigan los antiguos modelos.


Modelos que muchos creen que han funcionado, pero si miramos la verdad en detalle, es que no.


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Bueno, es hora de contarles las últimas noticias. Sin ha estado con nosotros por un tiempo, es posible que recuerden que el año pasado mencioné que el programa pasaría por varios cambios.


Inicialmente, mi idea era inaugurar la nueva cara del programa para febrero de este año. Pero cuando me enfrenté a mi futura realidad, tuve que cambiar la marcha. Me explico, mi esposo pronto se retirará del ejército. Esto significará un cambio importante en nuestras vidas. Gracias a él, he tenido la suerte de continuar con mis sueños durante los últimos ocho años. A diferencia del esposo de Bazán, el mío jamás me ha pedido que renuncie al amor que tengo por contar historias. Por el contrario, mi pareja es mi mayor fan. Sin embargo, creo que es hora de devolver un poco el favor. Me encantaría que él tuviera el tiempo que necesita para hacer la transición sin ninguna presión.


Entonces, mientras vamos descubriendo nuestra próxima aventura, creo que es prudente tomar con más calma los cambios del programa para no estresar ni al equipo, ni a mí. Por lo tanto, produciremos de forma más lenta. Este año, vamos a concentrar nuestros esfuerzos en tres frentes. Primero, llegar a nuevas audiencias, actualizar parte del arte y el diseño de las transcripciones, y producir una temporada sobre poesía.


Personalmente, estoy muy entusiasmada con esta última. Nuestra idea es presentar mujeres poetas latino-descendientes. Además, nuestras dos traductoras, Melanie Marqués Adams y Alexa Jeffress, debutarán como coproductoras. La temporada saldrá en septiembre, pero existe la posibilidad de que tengamos otro programa especial antes de ello.

A medida que avancemos en todos los frentes, les mantendré informados sobre nuestros progresos y las oportunidades que tendrán para que nos ayuden.


Bueno, mis queridos(as) oyentes, sin más les agradezco por los amables comentarios que nos dejan en la cuenta de Instagram o en los correos electrónicos que nos escriben.

Es hora de hablar de la autora de hoy.


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La vida de Emilia


Emilia Pardo-Bazán y de la Rúa-Figueroa fue poeta, novelista, dramaturga, crítica literaria, traductora, editora, periodista, ensayista, profesora y feminista. A lo largo de su vida, publicó más de 1500 artículos periodísticos, 40 novelas, más de 600 cuentos y más de una docena de ensayos. Fue la primera escritora española en vivir de su obra literaria e intelectual.


Emilia nació el 16 de septiembre de 1851 en el puerto marítimo atlántico de La Coruña, España. Hija única de don José Pardo-Bazán y Mosquera y doña Amalia de la Rúa Figueroa y Somoza. Debido a la riqueza aristocrática de sus padres, Emilia recibió una educación privilegiada.


Desde muy joven, Emilia fue una ávida lectora. Entonces, reconociendo los intereses de su hija, el padre de Emilia puso fin a una larga tradición familiar que limitaba a las mujeres a la música y a la economía doméstica. En cambio, Don José Pardo comenzó a entrenarla en humanidades, artes e idiomas. Aun así, Emilia no pudo continuar su educación superior porque la enseñanza de la ciencia y la filosofía estaban prohibidas para las mujeres. Pero aprendió estos temas a través de libros y charlas ocasionales que su padre y amigos intelectuales cercanos le dieron.


Cuando tenía nueve años, Emilia ya había compuesto sus primeros versos. A los 13 años, escribió su primera novela, Aficiones peligrosas. La cual fue publicada en serie en 1886 en el diario “El Progreso de Pontevedra”. Curiosamente, casi un siglo después de la muerte de Emilia, la novela fue finalmente publicada como libro. En Aficiones peligrosas, Emilia defiende el papel moral de la literatura y el derecho de las mujeres a educarse. La joven escritora advirtió contra aquellas aficiones peligrosas como las lecturas sesgadas promovidas por una sociedad con puntos de vista morales estrechos, especialmente cuando la lectura de libros comenzaba a crear un nuevo tipo de mujer.


Esto me recuerda a el movimiento que por estos días se extiende en los Estados Unidos relacionado con la prohibición de aquellos libros que en las escuelas que abordan temas delicados como el racismo, la diversidad cultural, la diversidad de género y la enseñanza de la historia de los Estados Unidos con respecto a esos temas.


Prosigamos. Cuando Emilia tenía dieciséis años, su vida cambió abruptamente. En sus palabras, "Tres acontecimientos importantes en mi vida se siguieron muy de cerca: me vestí de largo, me casé y estalló la Revolución de septiembre de 1868". Esto último resultó en la caída del poder de la reina Isabel II.


El esposo de Emilia fue José Quiroga Pérez Deza, con quien tuvo tres hijos, Jaime (1876), Blanca (1879) y Carmen (1881). Sin embargo, el matrimonio se volvió problemático después de los eventos de 1884. Más sobre eso en un momento.


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A finales de la década de 1870, Emilia descubrió el movimiento del Krausismo, un sistema filosófico concebido por el alemán Friedrich Krause a principios del siglo XIX. El Krausismo abogaba por la tolerancia doctrinal y la libertad académica del dogma. La influencia de Krausismo llegó a España e inspiró el proyecto de la Institución de Enseñanza Libre. Este proyecto surgió en respuesta al Decreto Real emitido por el Ministerio de Educación en 1875 que limitaba severamente la libertad académica en España.


Una de las famosas citas de Pardo-Bazán sobre la importancia de la educación dice: "Si me preguntasen cómo podrá España seguir existiendo, qué hacer para conseguirlo, diré que lo primero, instruirse, lo segundo instruirse, lo tercero instruirse, y después desenvolverse con arreglo a su naturaleza, y con variedad y libertad, reconociendo, respetando, cultivando la intimidad de cada región".


Para 1884, Emilia ya había publicado su primer libro de poemas (1881) y otras tres novelas, incluyendo La Tribuna (1883). Esta última cuenta la historia de una mujer trabajadora en una fábrica donde se produce una huelga, y la protagonista lucha por las demandas de los trabajadores.


En el mismo año, Pardo Bazán publicó La cuestión palpitante, un grupo de artículos sobre el movimiento literario del naturalismo y la ideología de Émile Zola. El libro tuvo un impacto social significativo y causó la indignación de los críticos, a lo que Emilia respondió defendiéndose. Su marido, temeroso del escándalo social, le pidió que dejara de escribir, lo que llevó a la pareja a buscar una separación amistosa.


La cuestión palpitante convirtió a Emilia en una de las grandes promotoras del naturalismo en España. El naturalismo fue un movimiento literario nacido en Francia que describe la realidad psicológica y social utilizando los mismos métodos empleados por las ciencias naturales.

Curiosamente, aunque el escritor naturalista francés Émile Zola tuvo aprecio por el libro, en sus palabras, todavía podemos captar algo del prejuicio de la época. Él dijo: "Es libro muy bien hecho, de fogosa polémica: no parece libro de señora. Aquellas páginas no han podido escribirse en el tocador". Poco después, Emilia rompió su relación profesional con Zola.

Dos años después del escándalo del libro, Pardo Bazán publicó Los Pazos de Ulloa, una obra maestra del método naturalista. En ella la autora expone la decadencia de la aristocracia gallega y del mundo rural.


Después de 1890, Emilia Pardo-Bazán dejó atrás el naturalismo y comenzó a explorar los movimientos literarios del idealismo y el simbolismo. A finales del siglo XIX, el trabajo de Emilia comenzaba a mostrar una clara perspectiva feminista, presionando por la emancipación social e intelectual de las mujeres. Emilia continuó reuniéndose con otros intelectuales y aprendiendo sobre otros movimientos artísticos.


Pardo-Bazán era consideraba una "feminista radical" en España cuando las mujeres se limitaban a sus roles como madres y esposas. La falta de educación para las mujeres profundizó esta limitación. Entonces Pardo Bazán utilizó sus novelas y cuentos para incitar una conciencia feminista en el público español.


Ella creía que "todos los derechos que poseen los hombres, las mujeres también deberían poseerlos". Después de publicar ensayos como "La mujer española", Emilia fue invitada a participar en diferentes conferencias. Pero estar en el centro de atención trajo la enemistad de muchos intelectuales y aristócratas. Una de las frases famosas de Emilia fue: "Si en mi tarjeta pusiera Emilio en lugar de Emilia, qué distinta habría sido mi vida".


Entre 1892 y 1914, Pardo-Bazán patrocinó y dirigió un proyecto editorial llamado "Biblioteca de la mujer". El proyecto abarcó una serie de escritos relacionados con cuestiones de la mujer o escritos por mujeres. Entre los autores y obras publicadas se encontraban George Elliot, María Zayas, Harriet Beecher Stowe y La esclavitud femenina de John Stuart Mill.


En 1906, Emilia Pardo-Bazán se convirtió en la primera mujer en presidir la Sección de Literatura de la institución cultural del Ateneo de Madrid y la primera mujer en enseñar Literatura Neolatina en la Universidad Central de Madrid. Desafortunadamente, sufrió un boicot de estudiantes y profesores por igual. Su catedra tuvo poca asistencia, tal vez porque estaba abierta solo para aquellos con títulos de doctorado. Sin embargo, con la esperanza de que su clase no fuera cancelada, mujeres de la alta sociedad, admiradoras e incluso un conserje de la universidad asistieron en muestra de apoyo. Cuando se le preguntó al conserje por qué había asistido, dijo que estaba convencido de que el talento de Doña Emilia no debía desperdiciarse.


El 12 de mayo de 1921, Emilia Pardo-Bazán, la mujer a la que se le negó tres veces la entrada a La Real Academia de la Lengua, murió por complicaciones de diabetes.


Emilia todavía es recordada por su fuerte carácter y frases como "Yo no soy una redentora, predicadora ni emancipadora. Pero siempre que, al alcance de mi mano, en mi esfera de acción, sin comprometer una buena causa con ridiculeces, pueda reivindicar algún derecho para esta categoría de parias y sudras a que estamos relegadas, lo haré, lo haré, lo haré".

A pesar de las numerosas dificultades que Emilia Pardo-Bazán enfrentó en su carrera intelectual y literaria, ella jamás dudo. Sabía que estaba sembrando un camino mejor para las mujeres.


Muy bien mis queridos amigos y amigas ya sabéis que detrás nuestro hay una fuerza grande de personas que han hecho su parte por educar sociedades más justas.

Es hora de cerra el programa, como les prometí aquí les va el desenlace del cuento con el que iniciamos el programa.




Feminista (última parte)


¿Qué pensó Clotilde de la advertencia? A nadie lo dijo; guardó ese silencio absoluto, impenetrable, en que se envuelven tantas derrotas del ideal, del humilde ideal femenino, honrado, juvenil, que pide amor y no servidumbre... Vivió sumisa y callada […]

Pero Abréu, a pesar de la higiene conyugal, tenía el plomo en el ala. Los restos y reliquias de su mal vivir pasados remanecieron en achaques crónicos, y la primera vez que se consultó conmigo en Aguasacras, vi que no tenía remedio; que sólo cabía paliar lo que no curaría sino en la fuente de Juvencia... ¡Ignoramos dónde mana!


Su mujer le cuidaba con verdadera abnegación. Le cuidaba: eso lo sabemos todos. Se desvivía por él, y en vez de divertirse -al cabo era joven aún-, no pensaba sino en la poción y el medicamento. Pero todas las mañanas, al dejar las ociosas plumas el esposo, una vocecita dulce y aflautada le daba una orden terminante, aunque sonase a gorjeo:

- ¡Ponte mis enaguas, querido Nicolás! ¡Ponte aprisa mis enaguas!

Infaliblemente, la cara del enfermo se descomponía; sordos reniegos asomaban a sus labios..., y la orden se repetía siempre en voz de pájaro, y el hombre bajaba la cabeza, atándose torpemente al talle las cintas de las faldas guarnecidas de encajes. Y entonces añadía la tierna esposa, con acento no menos musical y fino:

-Para que sepas que las llevas ya toda tu vida, mientras yo sea tu enfermerita, ¿entiendes?


(Extracto del cuento corto “Feminista,” por Emilia Pardo-Bazán. URL: https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/feminista--0/html/ffb54d56-82b1-11df-acc7-002185ce6064_2.html)

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Despedida


Y con esta breve historia con la que estoy segura de que algunas se identificaran, terminamos el programa de hoy. Hasta el siguiente cuento, adiós, adiós.

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Tres Cuentos Podcast es producido con el apoyo de PRX y el Programa de Creadores de Podcasts de Google.

Tres Cuentos es un ejercicio de adaptación e investigación creativa.

Agradecimientos especiales a…

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La música y los efectos de sonido fueron descargados de la biblioteca de audio de YouTube y de Freesound.org.

La lista de créditos por canción y las fuentes de información las puedes encontrar en la transcripción.


Nos escuchamos pronto, adiós, adiós.


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Bibliografía


Aficiones peligrosas, by Emilia Pardo Bazán, Araceli Herrero Figueroa https://www.goodreads.com/book/show/52410194-aficiones-peligrosas

Biografía de Emilia Pardo Bazán. Por Ana M.ª Freire López (Universidad Nacional de Educación a Distancia) https://www.cervantesvirtual.com/portales/pardo_bazan/autora_biografia/

Perfiles: Emilia Pardo-Bazán. Canal Historia. https://canalhistoria.es/perfiles/emilia-pardo-bazan/

“Feminista,” by Emilia Pardo-Bazán. URL: https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/feminista--0/html/ffb54d56-82b1-11df-acc7-002185ce6064_2.html

Las ‘aficiones peligrosas’ de Pardo Bazán, la condesa feminista. La exposición 'Emilia Pardo Bazán, el reto de la modernidad', rinde homenaje a la escritora gallega que vivió fiel a sus convicciones. Yolanda Cardo, 01.08.2021. https://cronicaglobal.elespanol.com/creacion/aficiones-peligrosas-pardo-bazan-condesa-feminista_515403_102.html

7 hechos esenciales sobre Emilia Pardo Bazán. Vicens Vives VICENS VIVES · 16 DE SEPTIEMBRE DE 2021. https://blog.vicensvives.com/7-hechos-esenciales-sobre-emilia-pardo-bazan/

La resucitada por Emilia Pardo-Bazán. https://ciudadseva.com/texto/la-resucitada/


Música


Moonlight Sonata (by Beethoven) – Beethoven


Pablo - The Mini Vandals


People Watching - Sir Cubworth


Unknown Longing - Asher Fulero


Toreador - Ron Meixsell


Anguish by Kevin MacLeod is licensed under a Creative Commons Attribution 4.0 license. https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/

Source: http://incompetech.com/music/royalty-free/index.html?isrc=USUAN1400047

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Gypsy Shoegazer by Kevin MacLeod is licensed under a Creative Commons Attribution 4.0 license. https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/

Source: http://incompetech.com/music/royalty-free/index.html?isrc=USUAN1200073

Artist: http://incompetech.com/

Dance of Deception by Kevin MacLeod is licensed under a Creative Commons Attribution 4.0 license. https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/

Source: http://incompetech.com/music/royalty-free/index.html?isrc=USUAN1100271

Artist: http://incompetech.com/


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