• Carolina Quiroga-Stultz

11 - Narrativas Históricas y de Ficción


Con el tiempo la ceremonia para pedir perdón a una desolada esposa evolucionará en un ritual de coronación que llamará la atención de los conquistadores europeos. En los comentarios hablamos acerca de dicha leyenda, y sobre dos conquistadores que casi perdieron la cabeza detrás del oro y fama de El Dorado.

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Fuentes:

1. Myths and Legends and Folktales from Latin America. Olden Tales by Ludu Delacre. - Scholastic Press. Mitos y Leyendas Colombianos. Selección y adaptación Fabio Silva V. Panamericana Editorial.

2. 1491 New Revelations of The Americas Before Columbus. Charles C. Mann. Vintage.

3. Historia Mínima de Colombia por Jorge Orlando Melo.

4. La expedición de Gonzalo Jiménez de Quesada por el Rio Magdalena, Jorge Augusto Gamboa



La Leyenda de El Dorado

Versión por Carolina Quiroga-Stultz



Poema por Edgar Allan Poe

Brillantemente ataviado, un galante caballero,

viajó largo tiempo al sol y a la sombra,

cantando su canción, a la busca del El dorado.

--

Pero llegó a viejo, el animoso caballero, y

sobre su corazón cayó la noche porque en ninguna

parte encontró la tierra del El dorado.

--

Y al fin, cuando le faltaron las fuerzas, pudo

hallar una sombra peregrina.—Sombra,—le

preguntó—¿dónde podría estar esa tierra del

El dorado?

--

—«Más allá de las montañas de la Luna, en

el fondo del valle de las sombras; cabalgad,

cabalgad sin descanso—respondió la sombra,—si

buscáis el El dorado….».


Hace mucho tiempo los europeos creían que en algún lugar del Nuevo Mundo, había una ciudad de oro. La mayoría de los hombres que salieron en busca de este extraordinario lugar, murieron. Algunos fueron muertos bajo las flechas de nativos, los mosquitos, el hambre o las balas. Otros se suicidaron o terminaron una existencia miserable. Razón por la cual muchos asumieron que solo un valiente o un necio podría encontrar El Dorado.


Después de muchas expediciones, los europeos concluyeron que dicho lugar lleno de riquezas debía estar localizado en alguna parte en lo que es hoy, Colombia. Había rumores sobre una tribu de nativos que realizaban un increíble ritual para apaciguar a una diosa. Vertían ofrendas de joyas preciosas en las aguas de un lago. Los europeos pensaron: ¡que barbaridad!


**

En la antigua tierra de los Chibchas, en las altitudes donde los Andes se dividen en la cordillera oriental y central, el Lago Guatavita descansa. Bajo sus aguas vivía una serpiente, la diosa del lago, quien se decía alguna vez había sido una mujer, llamada Chie.


Chie, era la esposa de un Zipa. Un jefe Chibcha quien estaba muy ocupado con su trabajo, sus planes y sus otras esposas. Sintiendo el abandono de su esposo, Chie se enamoró de un guerrero. Al darse cuenta el Zipa organizo un banquete en honor de su esposa.


Todos los asistentes festejaban hasta que el plato principal fue servido. Cuando Chie bajo la mirada vio la cabeza de su amado servida en el plato. La mujer salió corriendo en llanto. Poco después sumida en la tristeza caminó hacia las profundidades del lago Guatavita donde ahogo su angustia y se convirtió en una serpiente. La diosa del lago.


El Zipa sintió remordimiento. Fue tras su esposa, pero ella ya se había ido. Los sacerdotes, conocidos como Xeques dijeron que Chie estaba bajo las aguas, seguramente muerta. El Zipa los envió a recobrar el cuerpo, pero la serpiente les dijo: ¡No se molesten!


Después de eso, el arrepentido esposo inicio una ceremonia en su honor que fue realizada desde entonces. En la cual el suplicante marido cubierto en polvo dorado navegaba hacia el centro del lago en una balsa cargada de ofrendas. Una vez allí, vertía los regalos en las aguas y se zambullía con la esperanza de encontrarla. Pero siempre regresó sólo. Ya sea porque no la pudo encontrar o ella se rehusó a regresar. Nunca se supo, él jamás lo dijo. Y así continuó el Zipa hasta el final de sus días.


El tiempo pasó, y para finales del siglo 15 un ritual que había iniciado con el propósito de apaciguar a una afligida esposa había evolucionado alrededor de la ceremonia de coronación del nuevo Zipa. Ahora se creía que la diosa del lago podía pesar el corazón de un hombre y decir si era el adecuado para gobernar o si debía morir.


**

Para el año 1505 gran jubilo reinaba en Bacatá la casa del Zipa. Los Chibchas celebraban la próxima coronación de Baldini como el nuevo Zipa. Baldini parecía sereno y majestuoso. Aunque su cuerpo estaba tallado por los ajetreos de la guerra, él poseía un corazón sabio y gentil. Su piel bronceada mostraba cierta palidez a causa del riguroso ayuno de purificación que se requería para la ceremonia.


Baldini precedía la procesión que bajaba de la colina. A las orillas del lago Guatavita, cuatro hombres se le unieron. Un Xeque, dos guerreros y un miembro de la nobleza. Igualmente lo esperaba una balsa cargada de ofrendas. Todos los Chibchas alrededor vestían sus mejores prendas.


Los cinco hombres se despojaron de sus vestidos y fueron recubiertos de oro. Los hombres dorados subieron uno a uno a la balsa y zarparon. Cuando llegaron al centro del lago, el sacerdote levanto una bandera roja. El solemne momento iba a comenzar. El silencio reinaba, tan solo se escuchaban las ranas cantando, las mensajeras de los dioses. Los guerreros vertieron las ofrendas en el lago como si tocaran a las puertas de otro reino.


A continuación, el Xeque levanto una bandera blanca. Este era el momento de la verdad. Después de esto los Chibchas iban a saber si Baldini estaba destinado a liderarlos. Baldini caminó hacia adelante y respiró profundamente. Él sabía qué debía decirle a la diosa, pero que tal si ella le declaraba imperfecto. ¿Debería quedarse en las profundidades? ¿O sería bendecido para gobernar por muchos años?


Baldini se zambulló en las aguas y nadó hacia sus profundidades donde Chie lo esperaría. Afuera los cuatro hombres sobre la balsa solo podían ver círculos en la superficie de las aguas. Los minutos pasaron. Los Chibchas se preguntaron si necesitaban nominar a un nuevo Zipa. Su visita a la diosa estaba tomando más tiempo de lo esperado. Cuando los asistentes sospecharon que Chie había tomado una decisión infortunada, Baldini salió triunfante a la superficie.


¡Ah! Todos estaban aliviados por su regreso. Lo cierto es que los Chibchas respetaban y admiraban a Baldini. Ahora con la bendición de la diosa los festejos podrían comenzar. Los Chibchas celebraron con chicha, arepas, competencias, flautas, danzas e historias. La gente contenta se dejaba llevar por el furor sin saber el mal presagio que Chie le había dado a Baldini. El mundo de los Chibchas pronto llegaría a su final y Baldini debía jugar un papel crucial.

**

Cerca de 20 años pasaron sin ningún contratiempo. Hasta que un día el Zipa escucho rumores acerca de un extraño grupo de hombres llegados del este con pelo en la cara, en busca de tesoros y perturbando la paz. Dicha expedición estaba liderada por el europeo Gonzalo Jiménez de Quesada. Un ambicioso español decidido a triunfar donde otros habían fallado. Él estaba en busca del dorado. La leyenda había perdurado.


Un reino vecino y enemigo de los Chibchas le comentó a Quesada sobre la extraña ceremonia que los Chibchas realizaban para complacer y apaciguar a una diosa. Quesada demandó ser recibido por el Zipa y en la reunión exigió le entregaran todas sus riquezas. Baldini, prometió traerlas bajo una condición, que le concedieran tres días. ¡Ah! Quesada estaba extasiado de la dicha, El Dorado era suyo, ¡y de nadie más!


Sin embargo, hacia el final del tercer día, la impaciencia consumía al conquistador. Furioso por tan larga espera y entendiendo que los Chibchas nunca se iban a presentar, Quesada dio la orden de tomarse el reino Chibcha por la fuerza. Con su ejército de conquistadores, Quesada irrumpió en el poblado de Guatavita. Pero estaba desierto. Ni una sola alma había quedado atrás, ni siquiera las ranas se quedaron para contar el cuento. Los Chibchas habían desaparecido. ¡Que deshonestos!


Quesada, el conquistador que llegó más cerca de encontrar El Dorado, murió años después en la pobreza.


Y si se preguntan acerca de los tesoros que por años fueron vertidos en el lago Guatavita, pues ciertamente muchos trataron de sacarlos. Se realizaron diversos intentos para drenar la laguna, pero cada vez un desastre natural se vino encima y muchos murieron.


Se dice que Chie, la diosa del lago todavía guarda con celo, como una madre lo haría, a sus hijos e hijas, a los Chibchas, su tesoro más preciado.


Epílogo


Muy bien mis queridos oyentes hablemos de la historia. Hoy en particular nos referiremos a dos hombres que fueron en busca de la leyenda y de cómo terminaron sus vidas. Pero hablemos primero sobre la leyenda.


El reino de los chibchas localizado en lo que es hoy el centro de Colombia que conquistado en el año de 1538. Políticamente los Muiscas eran el mayor grupo de la familia Chibcha, las cuales eran ciudades-estado similares a las de los Incas. Hay varios recuentos sobre qué tan espectacular era el ritual que realizaban cada año.


En el cual, el cuerpo del Zipa era cubierto con polvo de oro y luego este zarpaba en una balsa o canoa cargada de figuritas de oro y otras ofrendas. Luego se bañaba en las aguas hasta que el polvo dorado desaparecía.


Cabe aclarar que rituales similares se ofrecían en otras lagunas, como en Iguaque un lugar sagrado de donde se decía había salido Bachué, la madre de los Muiscas con un niño quien luego se convirtió en su esposo. Pero esa es otra historia.


La que nos atañe aquí es la anécdota de los hombres dorados, la cual en teoría fue el origen de la leyenda de El Dorado. Pero mi teoría es que los conquistadores ya tenían ideas preconcebidas sobre reinos fantásticos llenos de riquezas, esperando ser conquistados por los más osados y valientes; que, por supuesto deberían sobrepasar obstáculos, derrotar terribles monstros y soportar las más engañosas y arduas odiseas.


Dichas ideas fueron cultivadas y difundidas a través del mismo folklore oral español, los viajes de navegantes a tierras remotas y extrañas, y por supuesto por la guerra contra los árabes o moros. Y si a esto le agregamos el descubrimiento del Perú y sus riquezas, más de uno se imaginó que debía haber más reinos ricos y fantásticos esperando ser encontrados por un héroe.


Y uno de esos tantos que quería inmortalizarse como un héroe fue Gonzalo Jiménez de Quesada. Quesada fue enviado por Pedro Fernández de Lugo a explorar el Rio Magdalena con el fin de que pudiera llegar a Perú. La verdad es que pensaron que si seguían el curso del río podrían llegar al imperio Inca y tomarse sus riquezas, como ya otros lo habían hecho.


A Quesada lo acompañaron 800 hombres, de los cuales 600 fueron a pie siguiendo la ruta que la última expedición había tomado. Mientras que los otros 200 fueron en botes. Ambos grupos debían encontrarse en Sompallón y de allí continuar juntos.


El 6 de abril de 1536 la expedición salió de Santa Marta al norte de Colombia. Quesada salió con los 600 hombres que iban a pie. En el camino tuvieron que enfrentarse con tribus hostiles como los Chimilas y los caribes. A pesar de eso también encontraron aliados quienes se convirtieron en sus intérpretes.


En ultimas, los locales acabaron siendo la menor de las preocupaciones. Los enemigos más grandes terminaron siendo el clima, las enfermedades y los animales salvajes. La combinación de todos estos factores causó una gran mortandad en los españoles y los nativos que se les habían unido. Finalmente, cuando llegaron a Sompallón y se encontraron con la expedición que venía en botes continuaron la misma ruta, unos a pie y otros en bote.


Mientras tanto las lluvias, los mosquitos y las culebras no les dieron descanso. El hambre les obligó a atacar a diferentes tribus. Al cabo de ocho miserables meses los españoles entendieron que el rio Magdalena no los llevaría ni al Perú, ni a sus riquezas.


Sin embargo, cuando pensaban que este viaje había sido una pérdida de tiempo, escucharon rumores sobre otro lugar lleno de riquezas.


Cerca de 210 millas del río, la expedición noto algo inusual. Los poblados de nativos que habían conocido a las orillas del río no consumían el mismo tipo de sal que los otros nativos que habían encontrado antes. Estos nuevos poblados no comerciaban con sal traída del mar, por el contrario, comerciaban con sal granulada en forma de bloques que la traían nativos que venían de las montañas.


De allá también traían mantas pintadas, oro, algodón, coca y alimentos especiales. Dichas mercancías les dieron a los españoles la idea de que quienes las producían debían ser artesanos provenientes de una comunidad muy desarrollada.


En este momento la expedición ya tenía menos de 400 hombres. Fue entonces que en el año 1537, los conquistadores tomaron el camino de la cordillera hacia el rio Opón y llegaron a la meseta cundiboyacense, al reino de los Muiscas, donde una cruenta guerra fue liberada. Los españoles ganaron, pero solo 170 españoles sobrevivieron. Al final la actual capital de Colombia, Santa Fe de Bogotá fue fundada sobre el antiguo reino Muisca.


Si bien es cierto que la mayoría de los relatos acerca de esta leyenda han sido romantizados como por ejemplo el que conté al principio, la verdad es que más parece ser que fue la guerra y las enfermedades que trajeron los españoles lo que los diezmó a los Chibchas o Muiscas.


Por ejemplo, en el caso del Zipa de Bogotá, Tisquesusa, quien enfrentó a los extraños hombres montados en caballos, con tan sólo lanzas, dardos y macanas, pero que nada pudo hacer contra las espadas, armas de fuego y los perros. El valeroso cacique murió en batalla sin darle a los españoles el paradero de sus riquezas. Pienso yo, que es probable que su historia y la de otros, junto con el ritual y antiguos mitos Chibchas hubieran dado el origen a la versión novelesca de El Dorado y su conquista.


La segunda persona sobre la cual deseo hablar es Gonzalo Pizarro, medio hermano de Francisco Pizarro conquistador del Imperio Inca. Gonzalo al igual que su homónimo tenía ambiciones, pero este a diferencia del otro, no hacía más que causar problemas. Y su medio hermano quien ahora era gobernador de Perú pensó que podía darle algo que hacer para que dejara de meterse en tanto lio. Así que lo convenció de irse en busca de El Dorado.


En 1541, Gonzalo Pizarro dejo la ciudad de Quito, en lo que es hoy Ecuador, liderando una expedición de aproximadamente 280 soldados, 2000 cerdos y 4000 esclavos nativos. Ahora si se preguntan si a este no le llegaron las noticias sobre el fracaso de la expedición liderada por el otro Gonzalo, deben saber que primero en esa época las noticias viajan muy lento y aún faltaban más derrotas para que estos conquistadores dejaran de buscar el dorado.


La expedición de Gonzalo Pizarro lejos de ser una utopía de heroísmo idílico acabó siendo un desastre calamitoso. Como el pobre no tenía ni idea por dónde empezar o dónde buscar, la expedición acabo vagando sin rumbo al pie de las colinas de la cordillera este de los Andes. Básicamente por lo que es hoy la Amazonía.


En un par de semanas la mayoría de los caballos habían muerto. Los nativos también cayeron enfermos de cansancio, por la humedad y el calor, ya que estaban a 1200 pies por debajo del clima al que estaban acostumbrados. A pesar de todo la expedición continúo atravesando la densa selva.


Pero como no pudieron encontrar en su camino poblados que atracar, los expedicionarios acabaron comiéndose los cerdos, luego los perros y al final lagartijas. A final de cuentas, la mayoría de los hombres cayeron enfermos. Fue en este momento que el segundo al mando, Francisco de Orellana le sugirió a Gonzalo que se dividieran en dos grupos.


Orellana y sus hombres se irían en botes para el rio Napo, mientras que los otros continuarían por donde iban. La historia nos cuenta que después de 9 días Orellana encontró comida, pero jamás regresó por Gonzalo y sus hombres. Mientras tanto Gonzalo se dio por vencido y regreso a casa. Por supuesto cuando esos dos se volvieron a ver, se declararon una mortal enemistad, pero esa es otra historia.


**

Y eso es todo por hoy. Tres Cuentos les aconseja que reconsideren aquellas ambiciones basadas en fantasías o sueños de aventuras heroicas, en la realidad ninguna resulta ser tan glamorosa como se ve en las películas o en los libros de caballería.


En el siguiente episodio escucharemos una historia sobre un amor prohibido, donde la religión y el racismo fueran las dos fuerzas de poder que se opusieron a dicho amor. ¡Hasta el siguiente cuento! Adiós.


Créditos

Achilles_Strings by Kevin McLeod

Macedon_is_Ours by Dan Bodan

Eyes_Gone_Wrong by Kevin McLeod

Run by Max Surla, Media Right Production

Journeyman by Aakash Gandhi

Realization by Hanu Dixit

Restless Natives by Doug Maxwell, Media Right Production

Foreign_Land_Sting by Jingle Punks

Epic_Unease by Kevin McLeod

Parzival by William Rosati

Inescapable by Ugonna Oneyekwe

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