• Carolina Quiroga-Stultz

13 - Mitos


Cuando sólo existía el vacío, Kooch, el primer ser lloró su inmensa soledad y de sus lágrimas nació el océano. Pero la oscuridad estará celosa y uno de sus hijos traerá caos al perfecto mundo de Kooch. En el epílogo hablamos sobre la historia de los Tehuelches. Finalizamos con un cuento de creación Guaraní.

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Fuentes:

1. Web: “La soledad que siempre existió” Anónimo Tehuelche. www.pdffactory.com

2. Libro: Leyendas, mitos, cuentos y otros relatos Tehuelches, presentados por F.Cordova y N. Sugobono. Publicado Longseller.

3. Artículo: Tehuelches y Selk’nam [Santa Cruz y Tierra del Fuego]: “No desaparecimos”. Pueblos Indígenas en la Argentina: historias, culturas, lenguas y educación. Mariela Eva Rodriguez y Laura Horlent. Ministerio de Educación y Deportes. Presidencia de la Nación.

4. La memoria del fuego. Eduardo Galeano. Pantheon Books New York.

5. Web: Un mito tehuelche: kooch, el creador de la Patagonia. https://www.folkloretradiciones.com.ar/literatura/Leyendas%20patagonicas.pdf


La inmensa soledad

Un mito Tehuelche Patagón

(Argentina y Chile)

Adaptado por Carolina Quiroga-Stultz


Los tehuelches dicen que hace mucho tiempo no habia, cielo, mar, ni tierra, solo la gran oscuridad y sus densas y húmedas tinieblas. Y allí adentro vivía el que siempre existió, Kooch, el cielo. Quien vivía en el más sepulcral silencio, donde sólo se escuchaban sus profundos suspiros.


Se dice que aunque Kooch, quien siempre se había bastado así mismo, en un momento de inexplicable y profunda soledad, lloró.


Dicen que lloró porque, aunque no conocía el amor, añoraba compañía. Porque, aunque solo conocía el sonido de sus suspiros, él quiso escuchar el canto. Aunque todo era oscuro, se preguntaba cómo sería el color.


Lloró su vacío por un tiempo tan eterno que tantas lagrimas saladas de tristeza formaron el inmenso océano: Arrok, el mar primitivo, el primer elemento de la naturaleza, que se extendió, hasta donde la vista ya no alcanzaba a abarcar el horizonte y casi que produce angustia contemplar tanta amplitud.


Cuando Kooch se percató de que el agua crecía y crecía con una nostalgia que calladamente amenazaba absórbelo, dejo de llorar y simplemente suspiro. Un suspiro tan profundo y honesto, que se hizo viento y éste comenzó desde entonces a soplar; atravesando y abriendo las tinieblas a su danzante e inquietante paso, agitando las quietas aguas del mar.


Hay quienes dicen que el viento disipó la niebla a su paso, revelando la luz y el horizonte, pero otros aseguran que el primer resplandor también fue obra de Kooch. Quién sabe, quizá uno dio paso al otro.


Cuentan los antiguos que en medio del agua y rodeado de oscuridad quiso Kooch ver el mundo que se formaba. Se alejo con la esperanza de contemplar, pero como no pudo ver con claridad, levanto el brazo y con un gesto decisivo corto las tinieblas.


Dicen también que el rápido y gracioso giro de su mano originó una chispa, que se convirtió en el Xaleshen, el gran astro, el sol. Quien, ya conociendo su rol, se levantó sobre el mar e iluminó el inmenso paisaje, la magnífica superficie ondulada de las aguas. Ese mar que casi se dejaba llevar por el viento. Como si disfrutara el juego, de extenderse y contraerse, dejando que sus olas se deshicieran en espuma.


El sol quien de antemano conocía su rol, creo las nubes, quienes inmediatamente sintieron un afán de vagar por el cielo incansablemente, pintando las aguas con manchones oscuros. Cuando el viento vio las nubes, sintió ganas de jugar con ellas también, así que las empezó a empujar con sus bocanadas de aire, viéndolas estirarse y cambiar a su gusto de forma. Al principio suave, suave, hasta que tomaba confianza y las soplaba con una furia recién descubierta.


Tan fuerte, tan violento las soplaba que a veces las hacia chocar entres si y las nubes se hacían tiritas delgadas. Y ellas tan jóvenes y tan confundidas gruñían sus quejas con truenos que retumbaban casi amenazantes, con agudos y afilados relámpagos que pusieron en su sitio al travieso viento.


Sin pensar mucho al respecto, Kooch se dedicó a iniciar con su arte. Primero hizo surgir de las aguas una isla muy grande con animales, pájaros, insectos y peces. Tan bonito le quedo todo que hasta el sol, el viento y las nubes acordaron ayudar a preservar la obra.


El sol se comprometió a alumbrar y calentar. Las nubes traían y dejaban caer la provechosa lluvia. Hasta el viento se moderaba en sus corridas dejando crecer el pasto. Y así con esmero la vida se hizo dulce en la isla de Kooch.


A continuación, sintiendo otra bocanada de inspiración el creador, cruzó el mar e hizo crecer otra tierra cercana. Luego satisfecho sonrió y se marchó al horizonte, de donde jamás regreso.


Y las cosas hubieran permanecido tal y como las dejó Kooch de no ser por lo gigantes hijos de Tons, la misma oscuridad. Un día, Noshtex, uno de los arrogantes hijos de Tons, sea por aburrimiento, travesura o malicia rapto a la nube Teo y la encerró en su caverna.


Las hermanas de Teo la buscaron por todos los rincones del cielo, pero nadie sabía de su paradero. Con impotencia las nubes se llenaron de furia y descargaron una tormenta. El agua caía sin parar por la montaña, arrasando todo a su paso, inundando cada caverna, cada hoyo, cada nido, los pobres animales pagaron por la torpeza del gigante.


Al cabo de tres días y tres noches, Xaleshen, el sol quiso saber que había provocado tanto drama y apareció entre las nubes. Al enterarse de los detalles, aquella tarde se retiró en el horizonte y fue a contarle a Kooch.


Sin perder la serenidad, Kooch sentencio: Te prometo que habrá castigo para el atrevido. Y si Teo espera un hijo, el será más poderoso que quien inició todo éste lío.


A la mañana siguiente Xaleshen comunico la decisión y profecía de Kooch a las tristes nubes, quien a su vez le contaron a Xochem, el viento, que corrió y voló llevando las palabras de Kooch a quien tuviera oídos para escuchar. Y así, el chingolo (el pequeño pajarillo con cuello anaranjado), le contó al guanaco (primo de la llama); el guanaco le contó al ñandú (primo distante del avestruz); el ñandú al zorrillo, el zorrillo a la libre, la libre al armadillo y éste le contó al puma.


Xochem comunicó tan bien el mensaje que se detuvo en la entrada de cada cueva, cada hoyo, cada nido, asegurándose que cada ser, animal, pájaro, insecto, vegetal o partícula de polvo supiera lo decretado por Kooch.


Cuando el gigante Noshtex supo lo que le esperaba, el miedo le apretó el estómago y sintió pavor de aquel niño que sin haber nacido podía destruirlo. Miro con rabia el vientre hinchado de Teo y pensó en matarlos y comérselos cuando menos lo esperaran. Una noche, mientras Teo dormía, la golpeo con tanta rabia que logro arrancarle el bebe de las entrañas. Luego prosiguió a despedazar a la pobre nube.


Sin embargo, no todo estaba perdido para el pequeño, alguien más en la cueva había escuchado la profecía, era Ter-Werr, una truco-tuco (un roedor) que vivía en su casa subterránea excavada en el fondo de la gruta. Dicen las buenas lenguas que fue Ter-Werr quien salvo al recién nacido.


Mientras el carnívoro gigante destrozaba y engullía los pedazos del cuerpo inerte de Teo, Ter-Werr se deslizó sigilosamente y en el preciso momento en que el gigante tomaba al bebe en sus sangrientas manos, Ter-Werr mordió a Noshtex en un dedo de su horrendo pie derecho. Al momento que el gigante gritó de dolor y soltó al niño, Ter-Werr tomo al niño y rápidamente se lo llevó y lo escondió debajo de la tierra.


Pero el refugio era precario. El gigante Noshtex cruzaba en zancadas la caverna haciéndola temblar. Luego frustrado por la infortunada y repentina pérdida de tan frágil enemigo, Noshtex salió y buscó en cada rincón de la isla a ese nefario infante que algún día habría de destruir a su propio padre.


Ter-Werr no tuvo más opción que pedir ayuda a los otros animales. Una asamblea fue convenida para discutir el asunto. El Kius o el cholo, el pájaro de plumas negras quien era el único que conocía acerca de esa otra gran tierra que Kooch había creado antes de irse, más allá del mar, propuso enviar al niño allá, lejos, para que la furia de su vengativo padre no lo pudiera alcanzar.


El día acordado, Ter-Werr llevo al niño a las inmediaciones de la laguna y lo escondió entre los juncos. Desde allí llamo a Kiken, el chingolo, para que llamara a todos los animales y así poder escoltar al niño. Sin embargo, no todos atendieron el llamado. El puma se negó, el ñandú y el flamingo llegaron tarde y el zorrillo fue interceptado por el gigante Noshtex.


Enterado del plan de los animales, Noshtex salió hacia la laguna, pero el pájaro de pecho-colorado, instruido por Ter-Werr distrajo al gigante con una bella canción. Gracias a la intervención del pajarito, Noshtex llegó tarde a concluir su venganza. Ni siquiera vio cuando el cisne salió con el niño en su lomo y levantó el vuelo.


Todo lo que el gigante logró ver fue un pájaro blanco surcando el cielo hacia el oeste. Pero no se enteró que, en la espalda de tan majestuosa ave, su hijo dormía en un colchoncito de plumas. El cisne se llevó al protegido del eterno Kooch hacia la Patagonia. Dicho niño no sería otro que el héroe de los Tehuelches, Elal, de quién se han contado muchas historias, pero ese es otro cuento.


Y colorín colorado este cuento se ha acabado.


Epílogo


Una de las primeras descripciones dadas acerca de los habitantes de la Patagonia fue la de “gigantes”. Descripción que fue pasada de boca en boca, de periódicos a libros, donde se aseguraba que en esa parte del mundo había seres de estatura desmesurada. Ciertamente eran altos, pero no eran el tipo de gigantes que los europeos tenían en mente, aquellos descritos en sus mitos y folklore.


Aquellos hombres tan altos eran probablemente los Selk’man, los Yamahas o los Querandies, los primeros pobladores de la Tierra del Fuego. Estos grupos junto con los Gununa Kuna y los Aoninenk eran parte de la gran familia Tehuelche.


A diferencia de los demás grupos, los Tehuelches del norte adoptaron el caballo traído por los europeos.


La adopción del caballo cambio las dinámicas de familia, caza y resistencia de estos Tehuelches. Ahora los animales hacían la carga en lugar de las mujeres. Se ampliaron los territorios de caza. La lanza desplazo el arco y la flecha, pero la boleadora se mantuvo.


Hay que mencionar que el siglo XVI trajo muchos cambios para la familia Tehuelches. Poco antes de la llegada de los españoles, comenzaron a llegar los Araucanos también conocidos como los Mapuches. Lo cual debió haber creado algunas fricciones, pero también alianzas.


Se dice que para el siglo XIX, los grupos de la pampa (si recuerdan el episodio 9) eran descendientes mestizos de ambos grupos. Esto quiere decir que la cosmovisión, lengua, artes y algunas tradiciones también se mezclaron. Razón por la cual podemos encontrar similaridades en las historias de diferentes grupos indígenas del sur de sur América.


Durante el siglo XX, el estado argentino (al igual que otros gobiernos en las Américas) argumentaron en nombre del progreso que los indígenas debían civilizarse y parecerse a la cultura Europea o Criolla (europeos nacidos en las Américas). Dicho progreso implicaba que los indígenas debían olvidar sus idiomas, tradiciones, creencias e historias.


Al igual que pasó aquí en los Estados Unidos, en el caso de las misiones. Los niños y niñas eran enseñados el español (recordemos en año 1848 México perdió gran parte de sus territorios en la guerra contra los Estados Unidos). Aquellos chiquillos que olvidaban hablar castellano eran castigados.


Y así en 1960 en argentina (y en muchas otras partes) la lengua del grupo dominante (español o inglés) fue utilizada por los científicos o políticos como un indicador de si una persona era indígena o no. Si era valiosa como individuo o no. Y lastimosamente aun es así. No hace mucho escuché una noticia aquí en U.S., de una maestra en escuela secundaria que trato de avergonzar a una estudiante que escuchó hablando español.


Esto para decir que usualmente aquellos que se consideran la cultura dominante y “civilizada” (una construcción humana, vaya a saber uno que es lo que significa, porque en nombre de dicho progreso se han cometido atrocidades que parecen orquestadas por demonios, ni los animales son tan egoístas y sangrientos) usan el idioma como elemento para discriminar y segregar. Y más de uno se come el cuento.


Y con el tiempo aquellos indígenas que todavía hablaban la lengua de sus ancestros fueron considerados puros, mientras que los demás, aquellos que ya hablaban el castellano fueron llamados descendientes o mestizos. Una estrategia para deslegitimarlos como cultura y eventualmente declarar que la pura raza indígena había desaparecido por efecto de absorción, más que del exterminio.


Lastimosamente la literatura se unió a dicha táctica de invisibilización con escritos que titulaban “el último cacique, chaman, tehuelche”. Una mentira que se repitió y difundió hasta que más de uno se lo creyó por mucho tiempo. Porque cuando se habla de que algo es lo “último” se asume que no hay más. Pero no todos se creyeron el cuento.


Por otra parte, hay quienes afirmarán que los mismos indígenas se invisibilizaron, y prefirieron que sus hijos aprendieran la lengua dominante para que tuvieran mejores oportunidades o no fueran castigados. Y aunque esa fuera otra razón, yo no los culparía, uno hace los que sea por hacerle la vida a los hijos más sencilla.


Igualmente se utilizó la famosa estrategia de Maquiavelo, divide y conquistaras. ¿Recuerdan que dije al principio que durante el siglo XIX los Mapuches iniciaron una migración hacia los territorios tehuelches?


Bueno en 1878, Estanislao Zeballos justificó los desplazamientos forzosos y los asesinatos de mapuches argumentando que eran invasores en tierras chilenas, que solo los Tehuelches tenían derecho a quedarse. Pero para dicho año ambos grupos ya se habían integrado en muchos aspectos y los Tehuelches no le habían dado la vocería a Don Zeballos.


El objetivo era dividir a los Tehuelches y Mapuches para diezmarlos. El mismo Zeballos lo confiesa en su libro “La Conquista de las 15.000 leguas.” El plan era romper alianzas, quebrarles la voluntad, alcoholizarlos y forzarlos a que pelearan en las filas del ejército chileno. Porque cualquiera de las anteriores lograría lo mismo, acabarlos.


Ya sé que todo lo anterior pone a estos grupos en el rol de víctimas, pero tampoco se crean que no lucharon. Hasta hoy día, al igual que en el episodio 12 de la “Leyenda de la Tatuana”, los mayas, tehuelches, mapuches y muchos más nativos de las Américas siguen luchando por el derecho ancestral a recuperar la propiedad sobre sus tierras.


Hay mucho más que podemos decir al respecto, pero prefiero concluir el programa en una buena nota. Así que aquí les va un cuento corto de creación de nuestros hermanos guaraníes, allá en el Paraguay que podrán encontrar en el libro de Eduardo Galeano, La memoria del fuego.


El primer padre de los guaraníes se levantó en la oscuridad, inspirado por las reflexiones de su propio corazón y creó las llamas y la delgada niebla, el inicio de una canción.


Mientras se sentía inspirado creo el amor, pero no tuvo a quien dárselo. Creáo el lenguaje, pero no hubo quien le escuchara hablarlo.


Les recomendó a los dioses que construyeran el mundo y se encargaran del fuego, la niebla, la lluvia y el viento. Y les entregá la música con las palabras del himno sagrado, para que pudieran dar vida a la mujer y a el hombre, ya el mundo no estaría callado.


Así que el amor se hizo comunión, el lenguaje se tomó la vida, y el Primer Padre redimió su soledad con la compañía del hombre y la mujer que cantan:


Vamos caminando esta tierra. Vamos caminando esta brillante y hermosa tierra.


Hasta el siguiente cuento.

Muy bien mis queridos oyentes eso es todo por hoy. Mi nombre es Carolina Quiroga-Stultz y Tres Cuentos les dice que quien sea que creá este mundo, o estos maravillosos mundos, hizo un trabajo excepcional y deberíamos estar muy agradecidos y considerar la responsabilidad que significa vivir y disfrutar de tan maravillosa creación. ¿Acaso no les gustaría que este precioso mundo nos durara para siempre?


En el siguiente episodio en nuestro viaje por los mitos de creación, conoceremos a tres sirvientes muy curiosos que dejaron escapar la noche y gracias a dicha imprudencia todos podemos dormir a pierna suelta.



Créditos musicales

Slow hammers – The mini vandals

Grandpa – Puddle of infinity

Rise – Hovatoff

Final boss – Myuu

Exotics - Kevin McLeod, Creative Commons Attributions License

Outcast – Myuu

All this scoring - Kevin McLeod, Creative Commons Attributions License

Overcome – Ugonna Onyekwe

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