• Carolina Quiroga-Stultz

3 - Suspenso


Una joven que jamás se llevo bien con su hermana muerta, se la encontrará en misa. En el epílogo continuamos explorando otras historias sobre el purgatorio. Finalizamos con un cuento más sobre una mujer que aprenderá una lección impartida por los del más allá, al visitar una vieja escuela.


#Misasdealmas #misadealmasbenditas #misapurgatorio #cuentosdeiglesias #misaespectral #misadeespiritus #almasenpena #espantos #fantasmas #purgatorio #fuegopurificador #diadelossantos #diadelasnimas #animas


Fuentes:

Libro: ¡Sáquenos de aquí! Una entrevista de Nicky Eltz a María Simma. Publicado por DIDA Book, diciembre del 2014. Libro: Entre el cielo y la tierra: Historias curiosas sobre el purgatorio. María Vallejo Nagera. Publicado por Varieditores.


Las Memorias de los Muertos (La Misa Encapuchada)

Basado en el cuento hallado en el libro:

La Cuentista. Cuentos Tradicionales en Español e Inglés. Historias coleccionadas por Teresa Pijoan. Publicado por Red Crane Books. Santa Fe.

Adaptado por Carolina Quiroga-Stultz


La siguiente historia sucedió entre las montañas de Nuevo México y Colorado. En una pequeña y aislada aldea. Esta historia le sucedió a María Rodríguez.


María y su hermana Eleonor Rodríguez, no eran exactamente las mejores hermanas del mundo pues se la pasaban peleando todo el día. No había una sola razón para no tener un enfrentamiento. En otras palabras, vivir con ellas era un infierno, hasta que una navidad la situación cambio temporalmente.


Cuando el padre y la madre de las hermanas todavía estaban con vida, les regalaron a ambas jóvenes el mismo presente. Un chal o mantón o chalina del mismo color, la misma textura y el mismo largo. Simplemente, el chal era idéntico. Y funcionó. Las jóvenes estaban encantadas, por un buen tiempo hubo paz en la casa.


Hasta que un mal día, uno de los chales se perdió. Ambas jóvenes comenzaron a culpar a la otra y asegurar que el chal restante le pertenecía a cada una de ellas.


Bueno ahora ese problema estaban en el pasado pues la verdad, es que recientemente Eleonor Rodríguez había pasado a mejor vida y ahora ese chal le pertenecía solo a María.


La navidad se aproximaba y la familia Rodríguez siempre había llegado puntual a la misa de Navidad. Por supuesto, ahora que María era la única representante de la familia, debía hacer lo mejor por ser puntual.


En esos tiempos, no había teléfonos celulares o alarmas que la pudieran ayudar a levantarse temprano para ir a la misa de 6 de la mañana. Así que lo mejor que podía hacer para no quedarse dormida, era acostarse a dormir temprano. Pues así lo hizo.


Sin embargo, poco después se despertó. Las campanas de la iglesia llamaban a la misa de Navidad. Ciertamente para María parecía como si apenas había tomado una siesta. Igual, se levantó, corrió la cortina y miro a través de la ventana. Contempló la nieve caer en esa noche oscura y fría de esa navidad. ¡Hasta que divisó arriba de la colina que las luces de la iglesia estaban encendidas! ¡Ay no! Se había quedo dormida.


Rápidamente, María se puso la blusa, la falda, las botas, el abrigo, los guantes y la última prenda que agarró fue ese chal, se lo puso alrededor del cuello y sobre la cabeza. Luego prendió lámpara de queroseno y la levantó. Salió de la casa y se internó en esa fría y oscura noche de diciembre.


(Respiración rápida) Después de atravesar el denso y casi tenebroso bosque y subir corriendo la colina, María llegó a la iglesia, apagó la lámpara y la dejó afuera. Luego lentamente empujo las pesadas puertas de la iglesia.


Cuando María entra, se da cuenta que absolutamente toda la gente de la aldea está allí. María ni siquiera recuerda que en la aldea viva tanta gente, pero luego recuerda que es Navidad. Es ese tiempo del año en que amigos y familiares visitan, y las familias se hacen más grandes.


Al mismo tiempo María se da cuenta que la música del órgano de la iglesia está sonando, eso significa que la misa aún no ha comenzado. María todavía tiene tiempo de encontrar el banco de iglesia de su familia y sentarse antes de que la gente comience a murmurar.


Así que María apura el paso por el corredor central hasta que llega al banco de su familia, ¡Solo para percatarse con enfado, de que hay gente sentada en el banco que le pertenece a su familia! ¡Cómo es posible! ¿Desde cuándo?


María está bastante molesta, pero luego recuerda que hace poco escuchó rumores de que había llegado una nueva familia a la aldea. María piensa que quizás el cura, el sacerdote, en toda su generosidad de hombre santo, consideró que como María estaba huérfana de familia, podía ofrecerle el banco a los recién llegados. Pero, aun así, por lo menos le podían haber consultado.


En fin, María no iba a armar un lío ahora. Ella podía lidiar con este inconveniente después de la misa. Decidió entonces que lo mejor que podía hacer era seguir adelante y buscar otro lugar donde sentarse. Pero en ese momento, una de las persona sentadas en el banco de su familia, suavemente le tomó la mano izquierda.! Obviamente esa persona quería hablar. Quizá disculparse con María por el abuso.! ¡Ah! María no se sentía con ganas de hablar, pero, en fin, es Navidad y durante esas fiestas hay que ser cortes, amable, o por lo menos pretenderlo.


María se agachó para escuchar lo que aquella persona tenía que decir. Pero lo que le susurraron al oído no era exactamente lo que María esperaba escuchar.


- ¡Siéntate, Siéntate con tu familia!


María se sentía insultada. ¡Qué atrevimiento el de esta gente, llamarse su familia! ¿Quiénes se creían? Pero luego María recuerda que es Navidad, y durante estas fiestas todo el mundo es amable y hasta los vecino que se odian, de la noche a la mañana son buenos amigos.


María considera sus opciones: ¿sentarse o no? La verdad es que algunas personas sentadas en los bancos de adelante han comenzado lentamente a girar sus cuerpos, curiosos de lo que sucede. María no puede dejar que hablen, así que de mala gana se sienta en el espacio que las tres personas sentadas en el banco de su familia han dejado para ella.


En el momento en que se sienta, la música del órgano se detiene. La misa está a punto de comenza, un incómodo silencio llena el espacio y luego de un minuto de silencio, la música del órgano comienza a sonar de nuevo. María piensa, algo raro debe haber sucedido, el cura no salió, debe haber algún tipo de retraso. ¡Ah si! Ahora María recuerda que el año anterior, algo similar sucedió. El monaguillo, quedó atrapado en una tormenta de nieve, el cura y otros hombres de la aldea tuvieron que salir a buscarlo antes de que el pobre joven quedara como una paleta. Claro que sí, esa debe ser la razón.


Mientras María está distraída en sus recuerdos, su cuerpo comienza a sentir que la temperatura en la iglesia ha subido, hace calor y eso que en esos tiempos no había calefacción. María también se percata que las personas sentadas en los bancos frontales han comenzado a quitarse las capuchas o los chales, María siente que debe hacer lo mismo. Cuando se baja el chal, se da cuenta que la persona sentada a su izquierda la mira fijamente, María no se siente de humor para hablar con desconocidos pero luego recuerda, que en la navidad todo el mundo, debe ser amable.


María se fuerza una sonrisa y gira la cabeza hacia su izquierda. ¡Ah! la persona que está sentada a su lado y la mira fijamente, la observa desde un par de cuencas vacías. María baja la mirada y nota que su vecina usa guantes, y María reconoce las iniciales cocidas en uno de los guantes: E. R. Ahí no! ¿Será posible, que sea, Eleonor Rodríguez?


María levanta la mirada de nuevo hacia su hermana muerta solo para darse cuenta de que detrás de ella, mirándola fijamente desde cuencas vacías, están su madre y su padre. María mira al frente, toda la congregación la mira fijamente desde cientos de cuencas vacías. ¡Ay Dios! María baja la mirada. Junta ambas manos como si fuera a rezar, pero en lugar de murmurar una oración, María comienza a deslizarse hacia a su derecha, hacía el final del banco. Cuando llega a la orilla del banco, María respira profundamente. Rápidamente se pone de pie, se voltea y comienza a correr hacia la puerta de la iglesia.


Mientras corre por su vida, las manos huesudas de todos esos muertos feligreses que están en la iglesia, tratan en vano de atraparla y le desgarran las vestiduras. ¡Ah! Pero una mano casi logra el deseo de muchos. La mano huesuda de su hermana muerta agarra a María por detrás halando el chal tan fuerte que casi ahorca a María. (Sonido) María se voltea a enfrentar a su hermana, forcejean la una contra la otra, hasta que por fin María se libra de ese chal, se libra de su hermana y de los demás muertos. Empuja con desespero las puertas de la iglesia y se interna en esa noche fría y oscura de diciembre. En esos bosques vengativos e inmisericordes.


Después de correr por lo que pareció horas, María se detiene en un claro del bosque para respirar, mira atrás, pero los muertos ya no la siguen. María piensa que necesita ayuda. ¿Pero quién? ¡Ah! El cura, el sacerdote. Claro que sí, el santo hombre nunca se apareció en la misa.


María corrió hasta la cabaña del cura. Comienza a golpear la puerta.

- ¡Ayuda! ¡Ayuda!

Hasta que finalmente, la lámpara de queroseno ilumina el interior del hogar. El cura abre la puerta, pero María esta desconcertada. ¿Son las 6 de la mañana, hora de la misa de navidad y y este hombre todavía está en pijama? ¿Como es posible? A menos que, no sean las 6.


El cura invita a María a entrar a la cabaña y sentarse a lado del fuego. Mientras María relata lo que le acaba de suceder, la joven comienza a entender que la misa a la que acaba de atender no era una misa para los vivos, sino para los muertos.


Cuando finalmente el cura se vistió con su sotana, ambos se dirigieron hacía la iglesia. Entraron por la puerta trasera y mientras caminan por el pasillo central, los dos evidencian que la iglesia está vacía y hace mucho frio como era de esperarse. Sin embargo, cuando se acercan a la puerta principal, ambos, María y el cura recogen del suelo retazos de un chal que ha sido rasgado en pedazos.


Mi madre siempre me dice que tenga cuidado cuando adquiere algo de segunda mano, o cuando alguien me regale algo que ha pertenecido a otra persona. Porque cada objeto trae memorias consigo.

Ah! pero yo sé lo que algunos están pensando. Por favor Carolina, eso no es verdad.


Pues déjenme contarles, que hace un tiempo, después de que yo conté esta historia en un evento. Al final una señora se acercó y me contó el siguiente caso.


Hace un tiempo atrás, en la familia de la señora habían adquirido en una venta de garaje, una mesa de comedor antigua, estaba en muy buen estado y claramente en sus mejores tiempos había costado una fortuna. La familia trajo la mesa a la casa y poco después cosas extrañas comenzaron a suceder. A veces se escuchaba como si alguien le diera golpes a la mesa, otras veces, se escuchaban gritos de dolor o llanto.


Poco a poco, la situación se hizo imposible. La familia no podía dormir o descansar. Finalmente, tuvieron el coraje de ir a preguntar a los antiguos dueños sobre el origen de esa mesa que aparentemente, había pertenecido a una corte judicial y tiempo atrás, había sido usada para impartir sentencias de muerte. Así que todos esos recuerdos y dolor hacían parte de la mesa.


Epílogo


Bueno queridos oyentes. Imagino que algunos de ustedes estarán preguntándose acerca de aquellos objetos que adquirieron en una venta de garaje o que heredaron de algún pariente o amigo(a).

Así que para ayudarles a entender un poco más sobre el contexto o trasfondo de esta historia me gustaría compartir un par de notas al respecto.


Debo aclarar que lo siguiente puede causar malestar o asustar a algunos. Igualmente, aunque las siguientes notas tienen connotaciones o fuentes religiosas, específicamente católicas, en ningún momento es mi deseo evangelizar o criticar.


Simplemente quiero que conozcan más sobre la creencia de las almas que penan o que no descansan después de morir, porque dejaron asuntos pendientes. Si es verdad o no, a mí no me consta. Pero si creo que la creencia en el purgatorio les da un respiro a muchos. Al pensar que si algunos hucieron mal en esta vida y no lo logran pagar ante la justicia de los hombres, por lo menos lo harán bajo la justicia del de arriba.


La primera anécdota la encontré en el libro ¡Sáquenos de aquí! Una entrevista de Nicky Eltz a María Simma, publicado por DIDA Book en diciembre del 2014.


María Simma es una mujer austriaca muy devota que ha dejado constancia de cuanto ha ayudado a las almas del purgatorio.


Un día María fue invitada a quedarse en una casa, y allí fue testigo del siguiente evento: recientemente el dueño de la casa había enviudado y desde entonces algunas cosas extrañas habían sucedido. María accedió a quedarse en la casa y ayudar. Poco después comenzó a escuchar un golpe fuerte, así que ella preguntó: ¿Qué puedo hacer por ti?


El golpe se hizo más fuerte, más cercano. Ahí fue cuando vio María un animal que jamás había visto en su vida, luego, vio cuando una serpiente se deslizó por detrás del animal y lo devoró. Fue entonces cuando la visión desapareció. Al siguiente día María le describió a un amigo el animal que había sido devorado, todo indicaba que era un rinoceronte.


María concluyó que ese animal representaba un corazón frio y testarudo y cuando habló con el viudo fue que entendió lo que sucedía. Tiempo atrás, la esposa del hombre había tenido un altercado con una vecina. La vecina trato por todos los medios de solucionarla pero la rencorosa mujer nunca lo olvido. Por negarse por 30 años a perdonar, al morir la mujer fue enviada al nivel más profundo del purgatorio, donde por el momento no podía recibir ayuda.


Se dice, que los niveles más profundos del purgatorio son los que están más cerca del infierno. Allí las almas deben penar y sufrir antes de que puedan recibir ayuda de los vivos. María Simma asegura que Dios no envía a las almas al purgatorio, ellas mismas lo hacen una vez se han dado cuenta de los errores que cometieron.


Continuemos.


En el libro Entre el cielo y la tierra: Historias curiosas sobre el purgatorio escrito por María Vallejo Nagera y publicado por Varieditores. La autora nos relata la anécdota de una monja alemana que en 1921 y 1928 escribió un tratado sobre el purgatorio.


La primera anécdota nos cuenta que la monja estaba en su celda en el convento donde vivía cuando de repente tuvo una visión de una mujer con un aspecto tenebroso, chispas de odio en sus ojos y toda cubierta de harapos que estaba toda sucia y tenía heridas en las manos. Sin embargo, lo que realmente asustó a la monja fue que la visitante tenía un clavo atravesando sus labios y su lengua estaba enroscada en una forma grotesca.


Como el alma en pena no podía hablar, la monja comenzó a rezar. Hasta que el clavo se aflojó y el alma de la mujer pudo articular algo. El alma en pena le dijo que ella estaba en uno de los niveles más profundos del purgatorio donde sufría incesantemente.


Penaba porque en vida había pecado con las palabras, constantemente se la pasaba criticando a otros. Algunas veces lo hacía para divertirse y otras veces para ganar popularidad. En el momento de su muerte, Dios le mostró que sus criticas habían herido muchas personas. Ahora penaba por lo que había hecho y también porque nadie se acordaba de ella.


La monja comenzó a rezar por el alma de esa mujer y después de un tiempo, el alma la visito de nuevo contenta, agradecida e irradiando paz.

Muy bien mis queridos oyentes finalizaremos el programa con un cuento más. Y esta historia también nos llega del libro La Cuentista: cuentos tradicionales en español y en inglés por Teresa Pijoan


El maestro de escuela


Un día una mujer alta y bien vestida llegó a una escuela rural y le preguntó a una pequeña niña de cabello castaño que jugaba en el patio de recreo: ¿dónde está el maestro?


La pequeña miró fijamente el traje de pana azul marino, los zapatos con tacones altos de cuero negro, las uñas rojas, la blusa de seda blanca, la cara pálida con labios fuertemente rojos de aquella mujer, pero la niña no dijo nada, por lo cual la mujer pregunto de nuevo: ¿niña le estoy preguntando que dónde está el maestro?


La niña de cabello castaño miro a su alrededor escudriñando el patio de recreo. Entonces alzo el brazo despacio, muy despacio y señaló a un hombre de baja estatura que estaba al lado de los columpios. Acto seguido la niña corrió hacia los columpios.


La mujer alta guardó su cartera bajo el brazo derecho y acomodó una trenza larga de cabello negro detrás del oído. Con expresión Sería camino hacia los columpios y preguntó: buenos días, ¿señor es usted el maestro?


El hombre sonrió y contestó: yo soy el maestro


La cara de la mujer alta se relajó y antes de decir algo más, el maestro le alcanzó la mano y dijo: buenos días, señorita.


El maestro no se adelantó para recibirla por el contrario la mujer avanzó y agarró la mano de él dejándola después y casi titubeando la mujer dijo: señor soyMe llamo señorita Cruz. Trabajo con la compañía Velarde.


El hombre sonrió mostrando sus dientes rectos y blancos: me llamo Carlos Cisneros, ¿cómo está usted?


La mujer no le sonrío solo dijo: bien, gracias.


Al tiempo que los adultos, hablaban los niños que jugaban en los columpios se reunían alrededor del maestro, quien comenzó a caminar hacia la escuela. Los niños le agarran por los brazos, y aquellos que no están a su lado formaban una cola detrás del maestro.


La señorita Cruz dijo: señor es muy importante que yo hablé con usted a solas. usted no puede seguir de director de esta escuela. ¡El gobernador ha ordenado el cierre de la escuela!


La señorita Cruz abrió su cartera y sacó unas largas hojas blancas llenas de palabras escritas por máquina. El señor Cisneros se paró enfrente de las blancas puertas principales de la escuela y preguntó: ¿qué?


La mujer le tomo la mano y puso los papeles en su palma tratando de doblarle los dedos sobre los papeles pero el viento agarro algunos de los papeles de la mano y se los llevó al suelo.


El maestro sin inmutarse dijo: ¿Señorita ha venido usted de tan lejos para mandarme a cerrar la escuela? ¿Es eso lo que usted está diciendo?


Ahora la señorita Cruz estaba de rodillas tratando de recoger los papeles que estaban desparramados por los pies de los niños.


- Si señor… Si… Sí, esta escuela ha sido condenada. La escuela está dañada y usted no es un maestro calificado. Hemos determinado que usted no tiene el certificado para ejercer la docencia en este estado. Señor, usted debe dejar a los niños asistir a la escuela en El Rito.


El señor Cisneros con una palmada llamo a los niños, ¡rápido! Los estudiantes corrieron alrededor del señor Cisneros apurándose para entrar en la escuela. El maestro después de oír a los niños callarse inclinó la cabeza y dijo: señorita esta escuela no pertenece al Estado. Esta escuela es de la gente, si desea observar es bienvenida. Si no, le deseo un buen viaje de regreso a su pueblo.


El señor Cisneros sonrío sinceramente, abrió la puerta de la escuela y desapareció por el pasillo. La señorita Cruz metió los papeles en su cartera, respiro profundamente y entró en la escuela.


Había varias salas, todas desocupas. En algunas, los cielos rasos se habían derrumbado y sólo el sonido de sus pisadas reverberaban en el piso sucio de madera. La señorita Cruz llego a la última de las salas.


Un foco brillaba en medio, los escritorios estaban rotos pero organizados en fila renta. Las ventanas sin vidrio dejaban entrar una brisa refrescante. No había nadie allí, por lo cual la señorita Cruz empezó a salir cuando detuvo la mirada en la pizarra. Una tiza amarilla se movía silenciosamente sobre la superficie astillada.


Las palabras eran legibles:

EL SEÑOR CISNEROS ES UN BUEN MAESTRO, CADA DÍA APRENDEMOS A LEER Y ESCRIBIR MEJOR, YA ES HORA DE COMPRENDER LAS EXPRESIONES Y LOS DIARIOS DE LOS VIVOS Y DE LOS MUERTOS.


La tiza debo escribir y fue a otra parte la pizarra y continúo escribiendo: QUE TENGA BUEN VIAJE SEÑORITA CRUZ.


La señorita Cruz cabeceó y si apuro en salir del edificio, dejando detrás de si una estela de papeles.


Y colorín colorado este cuento se ha acabado


Bueno queridos oyentes, Tres Cuentos les recomienda que dejen a un lado los rencores, pues porque seamos sinceros, nadie sabe realmente lo que les pasa a nuestras almas al otro lado.


También les recomiendo que, si se interesan en adquirir alguno de los libros que mencioné, no los vayan a leer en la noche.


Lista de créditos por canción:

Ethnoamerica - Serveng

Day of Recon - Max Surla, Media Right Productions

Ether por Silent Partner

Darkest Child - Kevin McLeod, Creative Commons Attributions License

Disconcerned - Kevin McLeod, Creative Commons Attributions License

Agnus Dei X Bitter Suite - Kevin McLeod, Creative Commons Attributions License

Day of Chaos - Kevin McLeod, Creative Commons Attributions License

Skeleton Dance - Myuu

Lurking – Silent Partner

Doll Dancing - Puddle of Infinity

Far_The_Days_Come - Letter Box

Tragic Story - Myuu

180 views

Find us - Escúchanos: 
iTunes, Apple Podcast, Spotify